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Crítica | Vaiana: La fórmula Disney funciona hasta en la Polinesia

Tras estrenar hace ahora casi un año la que fue su primera película basada en un cómic de Marvel, la genial Big Hero 6, y después de aquella formidable 'rara avis' que fue Zootropolis, un astuto ejercicio de cine noir para niños, Walt Disney Animation Studios vuelve a sus estructuras más clásicas con Vaiana (Moana).
Una cinta que, con una eficacia que volverá a ser la envidia de sus compañeras de género y el terror de sus coetáneas de cartelera, mezcla música, aventuras y humor con una joven heroína aventurera como protagonista. Escenarios de ensueño, canciones pegadizas, personajes entrañables y hábiles golpes de humor -que incluso en un par de ocasiones se atreven a visitar el agradecido jardín de la autoparodia-, son los principales ingredientes de la que está llamada a convertirse, con el permiso de Rogue One, en el taquillazo de estas navidades y en otro clásico animado de la todopoderosa factoría del ratón.
John Musker y Ron Clements, una pareja responsable de algunos de los títulos más celebrados de la era 'moderna' del estudio como La sirenita, Aladdin o Hércules, son los encargados de ejecutar a la perfección una fórmula de sobra conocida que Disney disfraza de novedad valiéndose en esta ocasión del exotismo indígena de la Polinesia.
Más allá de su deslumbrante exuberancia visual, la otra gran baza diferenciadora de esta aventura musical oceánica, ambientada en las Islas del Pacífico Sur de hace más de 2.000 años y deudora de su mitología, puede que sea la ausencia de un interés 'romántico' en las motivaciones de su protagonista: Vaiana es una joven guerrera que -a pesar de partir de lugares comunes a los de Ariel, Yasmín, Pocahontas o Mulán- se ríe de la etiqueta de princesa y, en su valiente búsqueda, no tiene necesidad de luchar para encontrar el amor, sino para salvar a los suyos y su sustento. Eso es lo que hacen los héroes.