Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Dejar a los niños servirse la comida en los comedores escolares puede ayudar a combatir la obesidad

Investigadores de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, creen que cuando los niños pequeños se sirven entre ellos su propia comida en los comedores escolares aprenden antes a saber cuando están llenos y, por tanto, puede ser una medida efectiva para combatir la obesidad infantil.
"Las comidas más familiares dan a los niños la oportunidad de aprender cosas importantes como el tamaño de las porciones y las preferencias alimentarias de cada uno, en comparación con cuando la comida viene ya emplatada, lo que hace que los niños aprendan a reconocer que la porción recibida es la adecuada", ha reconocido Brent McBride, director del Laboratorio de Desarrollo Infantil de esta universidad y principal autor del estudio.
En su trabajo, publicado en el 'Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics', se analizaron las prácticas alimenticias de los niños de 2 a 5 años de 118 centros infantiles, tratando de buscar medidas para contrarrestar el creciente problema del sobrepeso y la obesidad infantil que, según datos de 2011, afecta a uno de cada cuatro niños en edad preescolar.
Los autores vieron como muchos de los cuidadores de estos menores apuestan por una alimentación saludable pero no saben cómo limitar su hambre y su saciedad. "En lugar de preguntarles si han terminado o si ya están llenos, suelen preguntar si tienen hambre o quieren un poco más", reconocen.
Además, compararon los centros que sirven la comida al modo tradicional con quienes siguen el programa 'Head Start', que hace recomendaciones para mejorar las prácticas alimentarias de los niños y, entre otras cuestiones, promueve comidas más familiares en las que todos se sirven la comida entre todos. En estos casos, destacan los autores, era cuando se daban mejores prácticas de alimentación.
Y en caso de que los niños no quieren comer, recomiendan que los profesores no les animan a seguir haciéndolo pensando que luego van a tener hambre.
"Si un niño no come durante una comida, lo va a compensar en las próximas 24 horas. Hacerles comer cuando no tienen hambre es probablemente lo peor que se puede hacer. Les enseña a no prestar atención a las señales de su cuerpo", explicaron.