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Dramática llegada de la ayuda a Haití

En estos momentos, la mayor parte del pasaje duerme. Son miembros del Namur de Madrid, de emergencias Médicas de Cataluña, un grupo de la ertzaintza con 'Pula', una perra nerviosa, fibrosa y lista, capaz, dicen, de meterse en cualquier recoveco entre las ruinas de la capital haitiana. También viaja un grupo de la DYA de Navarra y, claro, varios periodistas con el propósito de informar y algo más: mover las conciencias porque Haití, tras el terremoto, necesita de todo y de todos.
Estamos en Santo Domingo, en escala técnica hasta que la luz del día permita a nuestros pilotos, tomar tierra en Puerto Príncipe Cadáveres que se acumulan en las calles o en los estadios a la espera de ser reconocidos . Esperamos que no haya otras dificultades para llegar cuanto antes. Lo peor está por venir. La gente de la Agencia Española de Cooperación nos atiende bien. Con ellos intercambiamos informaciones sobre lo que está pasando. El panorama que todos hemos visto en televisión es desolador. . Pero son demasiados muertos; demasiados niños, mujeres y hombres para transportar, identificar, enterrar. Un proceso demasiado lento para un lugar donde el calor aprieta y donde la descomposición de los cuerpos puede derivar en una situación insoportable cuando no en alguna epidemia.
Lo peor está por llegar. Seguramente. Ya sabemos el drama humano producido por este terremoto, la hecatombe que el seísmo ha supuesto para todos los habitantes de Haití; incluso para los supervivientes supuestamente indemnes. Será muy difícil la reconstrucción y la vida allí. Dentro de unas horas estaremos en Puerto Príncipe. Nuestra carga de informaciones y juicios previos se desvanecerá ante una realidad tozuda y terrible. ¿Qué puede haber cuando la bancarrota y la miseria son golpeadas por un seísmo de esta naturaleza?