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Enganchados al trabajo

En tiempo de crisis, el que tiene trabajo tiende a mantenerlo como un tesoro. De hecho, en los últimos dos años los expertos dicen que han aumentado los casos de trabajadores compulsivos, de adictos al trabajo. Los que la sufren hablan de una auténtica enfermedad. Son capaces de trabajar prácticamente todo el día, y abandonar completamente la familia o los amigos. Hemos estado con ellos en una clínica especializada en curar su adicción.
Nuestro primer protagonista es Daniel, y su historia sorprende. Él ronda los 45 años. Hace 5 años que está curado de su terrible adicción al trabajo. Empezó a trabajar, nos dice, con 18 años, hasta los 40. Le llegó a dedicar al trabajo más de 16 horas diarias. Después de cenar seguía hasta las tres de la madrugada... y así un día tras otro. En un momento de la entrevista, rompe a llorar: "A mi hija yo me la he perdido...no la he disfrutado". Tocó fondo, estaba perdiendo a su familia y su vida social, para él sólo existía el trabajo, incluso en vacaciones. Hasta el punto que intentó suicidarse varias veces. Su mujer se dío cuenta que necesitaba ayuda profesional. Tras pasar por la clínica Capistrano en Palma de Mallorca empezó su recuperación.
Estuvo varias semanas ingresado. Ahí les enseñan a seguir ciertas pautas, a valorar otros aspectos de la vida y a respetar sobre todo una norma: la regla de las 8 horas, 8 para dormir, 8 para el ocio y 8 para trabajar... ni un minuto más.
En la clínica conocemos también a Julio, un médico con un puesto de responsabilidad en un hospital. Durante una terapia de adictos al trabajo nos cuenta que es obsesivo, narcisista y perfeccionista, el perfil más común de los que sufren esta enfermedad. Su obsesión por la perfección, por tener un puesto socialmente valorado y por no parar de crecer le ha llevado hasta esta clínica. "Me he dejado muchas cosas por el camino, he perdido mucho", nos cuenta.
Ramón es nuestro tercer protagonista. El día que grabamos el reportaje es su último día en el centro. Lleva un mes ingresado y vuelve a casa. Montó hace varios años su propia empresa, "y poco a poco te vas metiendo sin darse cuenta". Su principal problema es que aunque no esté en su puesto de trabajo, su mente sigue estando ahí. "Estás cenando con unos amigos y tú sigues maquinando".
En España esta "adicción respetable", como se la conoce, está empezando desde hace unos años. Pero en Estados Unidos es muy común tratarla como una enfermedad más. Allí, a los adictos, los llaman "workholics". El principal problema es que es una adicción difícil de reconocer en una sociedad que valora a la persona que trabaja demasiado.

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