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Giuseppe Farina

Emilio Giuseppe Farina, más conocido como "Nino Farina" ha pasado a la historia no por batir el récord de títulos de Fórmula 1 (sólo ganó uno), ni por tener el récord de carreras ganadas, ni por conseguir el número máximo de 'poles'. Giuseppe Farina está en el Salón de la Fama por ser el primer campeón del mundo de la historia de la Fórmula 1. 
Estuvo en activo entre 1950 y 1955, en esta modalidad. Natural de Turín, Italia, nació el 30 de Octubre de 1906 y falleció trágicamente el 30 de Junio de 1966. Sus primeros contactos en el mundo de las carreras de coches fueron a los mandos de un Maserati, aunque su mayores logros fueron a los mandos de un Alfa Romeo.
En los últimos años de los 30 ganó varios Grandes Premios menores, lo que hizo que fuese proclamado campeón italiano de pilotos tres años consecutivos, entre 1937 y 1939. Y en 1940 logró ganar el Gran Premio de Tripoli en Libia, lo que sería su primer gran título a nivel mundial. Desgraciadamente, en este momento en que alcanzaba su auge como piloto, comenzó la Segunda Guerra Mundial, y hubieron de transcurrir ocho años antes de poder ganar otro Gran Premio. Ya en la posguerra participó en varios Grandes Premios con un coche propio, un Maserati, con el que ganó el Gran Premio de Mónaco en 1948.
En 1950 cuando la FIA anunció el comienzo del primer campeonato mundial de Fórmula 1, Farina se hizo con un asiento en el equipo Alfa Romeo junto a  Manuel Fangio y el italiano Luigi Fagioli. En esta temporada Farina consiguió 3 victorias de los 7 Grandes Premios que componían el campeonato, con lo que se adjudicó su primer y único campeonato mundial, con el 158 Alfetta.
Fichó por  Ferrari y compitió en otras categorías del motor. Tuvo varios parones debidos a accidentes de los que logró reponerse. En 1956 quiso regresar a las pistas en las 500 millas de Indianápolis, pero una lesión de cuello en una carrera anterior se lo impidió.
Tras recuperarse de esta lesión quiso retomar su participación en Indianápolis, pero presenció un trágico accidente de un compañero cuando probaba el que sería su coche. Esto le hizo dejar definitivamente la competición. Farina destacaba por su manejo al volante y su extremada inteligencia, y también por su vanidad y falta de respeto por sus rivales en la pista. Pese a que sobrevivió a todos los accidentes sufridos en competición, Farina falleció en un accidente de tráfico al dirigirse con su coche al Gran Premio de Francia de 1966 como espectador, en Chambéry.