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Historias tras las duchas

Hemos pasado dos jornadas en la Casa de Baños recogiendo historias: la de Pilar, una anciana que tiene la caldera estropeada, la de Luis, el joven sin hogar, la de Eugenio, que asegura tener un chalet en Toledo pero lleva años viniendo a los baños públicos, la de Tinito, muy conocido en el barrio madrileño de Lavapiés y que ha pasado 16 años en prisión, o la de Aaron, el empresario en su día acomodado y hoy en la ruina... 
El 30 por ciento de los usuarios son personas sin hogar y entre ellas hay muchos con problemas psiquiátricos o psicológicos. En la Casa de Baños una trabajadora social, Inmaculada, atiende sus necesidades. Este servicio del Ayuntamiento de Madrid está en conexión directa con el Samur para tramitar centros de acogida, traslados, documentación y emergencias sanitarias. Inmaculada asegura que en general es un servicio tranquilo, aunque a veces surge algún problema: personas que quieren utilizar los baños como lavandería, que se quedan dormidos en las duchas o que se encierran en ellas para consumir drogas. Hay cámaras en los pasillos y un vigilante 24 horas al día, aunque los baños cierran a las 18 30 de lunes a sábado y los domingos y festivos a las 15.
Cada día utilizan la Casa de Baños entre 200 y 250 personas, unas 6000 por mes. Como nos explica Aaron aquí no se relacionan entre ellos: vienen, se duchan y se van. La mayoría prefiere pasar desapercibido, porque la mayoría tiene una historia difícil a sus espaldas. Algunos de ellos, nos han contado la suya.
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