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Israel Lancho

La cogida en Las Ventas no era su bautismo de sangre, este tuvo lugar de novillero, pero ayer se demostró por qué entrar a matar se denomina la suerte suprema. No obedece a una cuestión literaria, ni a un capricho místico. Viendo los 197 centímetros de Israel Lancho zarandeados de un lado para otro, cual muñeco de trapo, en los astifinos pitones del toro de Palha, uno valora aún más si cabe la vergüenza torera de aquellos elegidos capaces de vestirse de torero.
Madrid es la plaza que da y quita contratos, categoría y dinero. Y eso lo saben los que se anuncian en la cátedra del toreo. Por eso la verdad de Lancho entrando a matar sin trampa ni cartón. De ahí su arrogancia torera, sus ganas de querer progresar en el escalafón. Seguro que tendrá una nueva oportunidad. Tiene condiciones para aprovecharla, esa y otras que le lleguen. Ahora deberá centrarse en la recuperación, que apelando al rico refranero taurino, será muy rápida porque estos son "hombres de otra pasta".