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Nemes: "En el Holocausto no hay lugar para la belleza de las emociones"

"En el Holocausto no hay lugar para la belleza de las emociones", señala el cineasta húngaro László Nemes, galardonado este domingo con el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa con su ópera prima, 'El hijo de Saúl'.
Este filme, que recrea la "claustrofobia" y los límites del Holocausto a través de una historia alejada de las convenciones del cine y de toda posibilidad de belleza, fue uno de los más aplaudidos de la pasada edición del Festival de San Sebastián, ganador del Grand Prix en la pasada edición del Festival de Cannes y Globo de Oro a a la mejor cinta de habla no inglesa.
Tal y como señaló el director a Europa Press durante la pasada edición del Festival de San Sebastián, su objetivo nunca fue agradar al público y por ello en este filme, un retrato visceral del horror, no escatima en reflejar "las limitaciones, la escasez, la falta de información" que facilita al espectador, y todo "fuera de los convencionalismos".
A su juicio, las películas que abordan el horror nazi son habitualmente "problemáticas", porque "intentan impresionar de manera visual" en la narración de aspectos o eventos y, además "hablan de supervivencia y no de muerte".
"Incluso existe una especie de código que se fue creando después de la guerra para que las obras de arte abordaban el tema de una forma determinada, con un contexto estético", dice Nemes. Él, en cambio, ha buscado en esta cinta un nivel "más humano, desde el centro de la maquinaria del exterminio", de manera que el espectador pueda percibirlo de una manera "más visceral".
La película está ambientada en Auschwitz, en el año 1944, y se centra en la vida de Saul Ausländer, un prisionero húngaro que trabaja en uno de los hornos crematorios del campo de concentración. Cuando ve el que cree que es el cadáver de su hijo, inicia una misión para tratar de salvar su cuerpo de las llamas y poder dedicarle un entierro decente.
'Son of Saul' coloca al espectador frente al sentimiento humano que experimenta Ausländer y apenas separa la cámara de su rostro, con la intención de no mostrar ninguna perspectiva, ningún contexto y ninguna información que pueda dar pistas a quien se sienta en la butaca de qué es lo que está ocurriendo.
RÖHRIG CONTRA EL OLVIDO
"Todos conocen el Holocausto, pero queríamos mostrar lo que fue estar allí", manifestó a Europa Press el actor protagonista de esta película, Géza Röhrig, en su visita a España el pasado mes de enero. Fue precisamente durante aquellos días de promoción en Madrid, con motivo del estreno, cuando se anunciaron las nominaciones de los Oscar.
Tanto el actor como el director, ambos procedentes de Hungría, comparten motivos personales y guardan conexiones con el contexto histórico en el que se enmarca el filme. En el caso de Röhrig, su abuelo y el hermano de este sobrevivieron al Holocausto, pero el resto de la familia murió en los campos de concentración.
Tal y como relata, cuando era pequeño, encontró en un cajón varias fotografías y comenzó a investigar sobre su pasado familiar y lo que había ocurrido alrededor de 1945. Conmocionado, decidió visitar Auschwitz y depositó tierra de la tumba de su abuelo. Por este motivo, decidió involucrarse en este proyecto, a pesar de haber estado 20 años sin interpretar ningún papel. No obstante, recalca que este largometraje no es solo un regalo para él, sino para los cientos de personas que murieron. "Esta película es para no olvidar lo que ocurrió", ha dicho.
Del mismo modo, apunta a la principal diferencia entre esta y otras películas sobre el Holocausto: "Otras cintas abordan solo la supervivencia. ¿Por qué hay que hablar solo sobre los afortunados que pudieron sobrevivir?", se pregunta el actor y poeta, quien afirma que de esta manera se mostró la "experiencia" que supuso el Holocausto.
En su opinión, no había una mejor opción que el plano corto al que recurre el director, con el que se centra solo en el rostro del protagonista en la mayor parte del filme. Según ha indicado, "la cara humana es un instrumento extremo de expresión" que muestra a la perfección la "única forma de sobrevivir" en el Holocausto: "No pensar ni sentir".
"La visión claustrofóbica solo ayuda a entender que esta gente no podía permitirse tener empatía. Su única manera de sobrevivir era cerrar emociones y atender a obligaciones. No tenían pasado ni futuro, solo el momento concreto del presente, y este trauma solo puede ser visto desde una distancia corta", indica.