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Perseguidos por ser gitanos

La comunidad gitana de Hungría es objetivo de la ultraderecha más radical del país. Siete muertos en los últimos meses y decenas de ataques con explosivos contra los llamados “guetos” roma, es el saldo de este acoso y derribo contra la principal minoría de la Unión Europea. En la mayoría de las aldeas, los gitanos han organizado turnos de vigilancia para repeler los ataques, patrullas de día y noche para evitar nuevas muertes.
El señor Borsi llega a la esquina que anuncia la entrada en el gueto de Tiszalok a eso de las diez de la noche. A esa hora ya hay algunos chicos esperando para empezar la ronda, los que entran temprano a trabajar hacen el primer turno de vigilancia; los que están en paro harán el segundo a partir de las tres de la mañana y hasta el alba. Nadie duerme tranquilo en esta localidad, habitada por gitanos, todos están convencidos de que la Guardia Húngara está detrás de los asesinatos: “todo ha cambiado desde que surgió ese grupo racista. Nos odian por se gitanos y no lo entiendo, yo no les odio a ellos por ser húngaros” lo explica Attila, uno de los jóvenes del pueblo que quiere proteger a su familia. Pasan la noche en vela vigilando con linternas y, según ellos, sin armas, aunque todos los vecinos aseguran que si vuelven los ultraderechistas al gueto esta vez no saldrán vivos. En abril mataron a Jeno Koka, uno de los vecinos más queridos del pueblo, se iba a trabajar y nada más poner un pie en el escalón de salida de su casa le dispararon.
La ultraderecha gana campo político y social en Hungría y la comunidad Romaní la pierde. En otra localidad al sur de Budapest, Tatarszentgyörgy, mataron a un padre y a su hijo de 4 años. Utilizaron un modus operandi ya habitual en estos ataques racistas: “Tiraron un cóctel molotov contra la casa donde dormía mi hijo y su familia”, explica la madre, “el fuego les hizo salir y cuando los dos estaban fuera les dispararon”. La familia concilia el dolor con el pánico porque temen que los asesinos vuelvan.
En agosto la policía húngara detuvo a cuatro personas implicadas en los ataques, tenían un arsenal de armas y todos eran neonazis. El jefe del Centro Nacional de Investigación Húngara, Attila Petöfi, asegura que se ha cogido a los autores pero están convencidos de que hay más gente: “estamos investigando la organización del grupo”. Los investigadores no se atreven a señalar directamente a la Guardia Húngara, les faltan pruebas, pero todos coinciden en que el discurso de odio hacia los gitanos, implementado por el grupo paramilitar ahora ilegalizado, facilita la acción de los violentos.