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Un gran Talavante deja entreabierta la Puerta del Príncipe

La corrida más completa de la feria, sobre todo en lo que a toros se refiere. Y eso que todavía hay que matizar comportamientos. Corrida buena por tres toros más que notables. Y buena también y sobre todo por un torero, Alejandro Talavante, que paradójicamente sorteó el lote menos propicio. Gran Talavante en todo.
Ahora que se estaba poniendo en entredicho su capacidad de figura, resulta que se ha instalado en el triunfo partiendo desde la adversidad. Porque fueron para él los dos toros malos de una buena corrida, sin embargo, suficientes para cambiar la moneda.
Hay que ver cómo estuvo Talavante, de centrado y capaz. Su estilo, único, de mucha personalidad y reposo. Torero valiente donde los haya por el terreno que pisa y por lo cerca que se los pasa (los toros). Singular y proverbial torero el de Talavante por lo despacio que lo hace.
Grande, en definitiva, porque con un toro como el primero de su lote cualquier otro torero no se entretiene lo más mínimo. A él le bastaron catorce muletazos para cortarle las dos orejas.
Se ha dicho siempre de los grandes de la historia del toreo, que lo han sido con faenas de similar duración.
El joven Talavante toreó a su primero con una quietud y un gusto fuera de lo común. La muleta, adelantada -"puesta", que se dice en la jerga, a milímetros de los pitones -, esperando la embestida con mucha firmeza para terminar conduciéndola hasta muy atrás.
Tiraba Talavante del toro con un ímpetu tremendo, la fuerza del temple. Y a todo esto, descolgado de hombros, relajada la figura. El arte de torear en su más bella y apasionada expresión.
Fue la locura. Y habían bastado sólo dos tandas por la derecha y tres al natural. Pero con qué despaciosidad y regusto. Qué solemnidad. Entre series dibujó remates por debajo que ya quisieran soñar muchos pintores de renombre. Muletazos, auténticos carteles.
La plaza se puso blanca de pañuelos nada más enterrar la espada, antes incluso de doblar el toro. Fueron las dos orejas más merecidas en mucho tiempo en La Maestranza.
La pena, que no redondeara con el sexto, que "amagaba" en la muleta y "se metía" por debajo, pegando tornillazos. Toro imposible.
 "El Juli" cortó una oreja del primero, pero donde realmente estuvo bien fue en el cuarto al que le faltó matar como Dios manda.
Se movió mucho ese primero, pero el único pitón aprovechable fue el derecho. Faena correcta y algo movida.
Mucho mejor en el buen cuarto, toro que hubiera dado bastante más de sí de habérsele picado menos. "El Juli" lo toreó con solvencia, aplicando una técnica perfecta en la colocación, la altura y la velocidad. Incluso hubo aroma en la interpretación. Pero faltó toro al final por lo del desmesurado castigo en varas, y faltó también la oportuna rúbrica con la espada.
"El Cid" , el peor parado por su inseguridad frente al segundo y por sus dudas también en el buen quinto, aunque en éste firmó pasajes de cierta categoría como un cambio por delante de exquisita lentitud y profundidad. Aunque al conjunto, y teniendo en cuenta la calidad del toro, le faltó sustancia.