Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Tarde de escaso contenido: pocos toros propicios y toreros sin ideas claras

Manzanares no firmó una buena tarde. Foto: EFEtelecinco.es
No fue corrida del toro clara, mas dio la impresión de que fallaron más los toreros. Sorprendentemente incluso Ponce no llegó a cogerle el aire al cuarto, Manzanares anduvo por debajo del buen segundo y Luque con notables altibajos en el sexto. Quiere decirse que hubo un toro de triunfo más o menos claro para cada uno, y ninguno de los tres redondeó.
Ponce cumplió una primera faena bonita, de limpia estética, y pausada. Trasteo, sin embargo, al que le faltó ritmo y profundidad, ausencias impuestas por la falta de brío del toro, que fue noble pero con muy poquita raza.
El cuarto repetía y repetía mientras Ponce le dejaba ir a su aire, pecado capital del trasteo, pues por no atacar, por no mandar y por no someter, terminó imponiéndose el toro.
Manzanares hizo lo más completo de la tarde con el toro también más propicio. Fue en su bravo y noble primero. Brilló en pasajes de exquisito temple y cadencia, pero en ocasiones le faltó sosiego al torero. Un cambio de mano por delante duró una eternidad. En lo fundamental, también pases sueltos. Terminaría acabándose el toro antes de la cuenta, pero la faena no tuvo la estructura apropiada.
El quinto "reponía" las embestidas. No fue el toro de Manzanares, que no estuvo a gusto a pesar de haber echado mucho tiempo con él.
Luque tuvo un primer toro de nula condición, por su falta de fuerzas y de raza, que, por si faltaba, se quebrantó aún más en un "volatín" al hincar los pitones en la arena girando sobre los mismos. Muy parado el toro, pendiente de echarse, se negó desde el primer momento.
El sexto fue toro muy irregular, como la misma faena. Luque lo trató con brusquedad y la respuesta del astado fue defenderse. Embestidas discontinuas y con un molesto calamocheo dieron como resultado muy pocos pases limpios. Luque quiso mucho, pero sin dosificarse, y aunque parezca una paradoja precisamente por eso le faltó toro.
Tuvo también el feo detalle de no atacar con el descabello para evitarse el posible fallo, dejando morir al toro con la espada dentro, en una larga y penosa agonía.