Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

De Tromso a Cabo Norte

Imagen del expreso Hurtigruten. Foto: Araceli Infante Castellanostelecinco.es
Si se llega a estas latitudes merece la pena dar un paseo por Tromso, la puerta del mar Báltico. Es en esta ciudad donde nació el deporte del esquí. No el esquí, obviamente, que desde tiempos remotos ha sido la manera de desplazarse entre la nieve de los humanos que aquí habitaban. Pero el deporte como tal, es decir, las carreras de esquí, nacieron en estas calles en 1843. La primera la ganó el único de los concursantes que llevaba dos bastones.
catedrales católica y protestante más septentrionales del mundo
hay un sistema interno de tuberías por el que circulan las aguas cálidas del mar.
Seguimos hacia el norte nuestro viaje y nos montamos en el Hurtigruten, el expreso del litoral. Un espectacular barco que lleva más de un siglo de navegación en esta laberíntica zona.
Puesto de mando del Hurtigruten. Foro: Araceli Infante Castellanos
Muchos pensaron, cuando se puso en marcha en 1893, que era una locura. Se trataba de comunicar los distintos pueblos del norte de Noruega bañados por el mar con las corrientes más fuertes de Europa y lleno de cientos de islas y arrecifes sin cartografíar. Nadie pensó que la aventura tendríaéxito, pero ha sobrevivido a millones de viajes. La sala de mandos del buque es de las más modernas. No falta de nada...
No faltan ni siquiera un par de jacuzzis y una piscina para bañarse a 10 grados bajo cero. Toda una experiencia, sobre todo después de superar el primer momento en el que el cuerpo se queda sin sangre por el frío. Después todo va sobre ruedas. 
Imagen del jacuzzi de a bordo. Foto: Araceli Infante Castellanos
Lo mejor del viaje, las espectaculares vistas que se contemplan desde el barco. Esta zona no está demasiado poblada y la gente capaz de soportar estas bajas temperaturas se concentran en los alrededores de los puertos. La mayoría de las casas están en la costa.Cuando te aventuras tierra adentro, los humanos escasean.
Cabo Norte
Llegar a Cabo Norte es como llegar al infinito, al fin del mundo. Es el punto más septentrional del continente. A sólo 2000 kilómetros del Polo Norte. Un acantilado de 300 metros marca el punto exacto en el que el mar se adueña de todo. Lugar de referencia obligada para marineros desde hace siglos.
Concretamente desde que el navegante inglés Sir Richard Chacelord lo descubrió cuando buscaba una ruta para ir a la China por el Norte. 71 grados, 10 minutos, 21 seguntos, latitud Norte. Las misma latitud que Alaska, Siberia o Groenlandia. Lo dicho, el fin el mundo.
Hasta hace 50 años no se podía acceder a esta zona por carretera. El día que lo visitamos tuvimos mucha suerte, nos dicen. Luce el sol, y mucho, pero al bajar del autobús el viento sopla de manera salvaje. Hay 7 grados bajo cero, pero la sensación térmica es muy superior. Después de una hora de rodaje puedo decir sin medo a equivocarme que ha sido el día que más frío he pasado en mi vida. Ni las 3 capas de ropa térmica que llevaba, ni el gorro ni los guantes, servían para dejar de tener el cuerpo totalmente entumecido de frío. A pesar de todo es un sitio especial: la última frontera natural, el principio del infinito, el paraíso de los descubridores.
La autora del reportaje llega al Polo Norte. Foto: AIC