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¿Somos los cafeteros 'yonkis' de la cafeína?

Según informa el diario británico The Guardian, un equipo pluridisciplinar de investigadores de la Universidad de Bristol reclutó 379 voluntarios, que se mantuvieron sin café durante 16 horas. El resultado parece claro para los promotores del estudio: la función principal del café no es espabilarte o mantenerte más alerta, sino simplemente calmar el síndrome de abstinencia.
De las conclusiones de estos expertos se deduce que la necesidad que muchos experimentamos nada más levantarnos para tomar una taza de café solo sería una consecuencia de haber pasado seis, ocho, diez o más horas sin tomarlo. De este modo se produce una contradicción: dormir doce horas seguidas nos produciría mucha necesidad de café; quizá tanta como haber dormido cuatro. ¿Coincide esto con la realidad?
La respuesta es que no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre estudios que incluyen tantísimas variables: nivel de cansancio y tareas que el individuo tenga que llevar a cabo durante el día. Además, estos especialistas han tenido en cuenta las características temperamentales de los voluntarios: los individuos con alto nivel de ansiedad la experimentan con intensidad si no suelen tomar café frecuentemente; el tomarlo con más asiduidad incrementa el nivel de resistencia a la cafeína y de este modo se moderan las sensaciones ansiosas.
Pero el café, si este estudio, que confirma otros anteriores, fuera totalmente acertado, no sería más que una huida hacia adelante: tomar café para no tener que tomar café. La decisión a tomar entonces es, o bien, dicen los expertos, seguir con el mismo ritmo durante toda la semana, sábado y domingo incluidos, o bien dejarlo definitivamente. Una tarea que no todos estamos dispuestos a llevar a cabo. Por cierto, algo que no se ha tenido en cuenta: el buen sabor de un gran café. Que lo estudien en una universidad colombiana...