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Una comisaría bajo tierra

Se inauguró hace sólo unos meses pero, en su interior, la actividad es frenética. Instalada en la estación de metro más céntrica de Madrid, la Comisaría de Sol atiende todas las denuncias de aquellos delitos que se cometen en este medio de transporte. Y con casi dos millones y medio de viajeros al día imaginarán que no son pocas. Reporteros ha pasado un día en ella.
En sus más de 900 metros cuadrados, 50 funcionarios velan por la seguridad de los usuarios del Metro. La mayor parte de las personas que pasan por aquí son carteristas reincidentes. Viejos conocidos de la Policía. Aseguran que más de 1000 amigos de lo ajeno se camuflan entre los usuarios con la intención de robar.
También pasan por aquí decenas de inmigrantes sin papeles sorprendidos por unos agentes que viajan de paisano. Se les lleva a la Comisaría y, allí, se comprueba si tienen antecedentes. Casi todos los tienen. Es el caso de un hombre argelino que, en el momento de la grabación, estaba en el calabozo. Ya había sido detenido varias veces. Entre otros motivos, por homicidio doloso. Acompañamos a la Brigada que se encarga de vigilar y detectar a estos “delincuentes subterráneos”.
Sorprenden a una pareja de chilenos con intenciones de robar las pertenencias de los viajeros que van con ellos en el metro. Además, no llevan documentación y poseen una cantidad de dinero sospechosa: 2000 euros en billetes de 500. Se les traslada a la Comisaría para su identificación. Allí, otros detenidos, también en esta ciudad bajo tierra, esperan