Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Algo más que un corte de pelo

El anuncio es claro, pero no aporta ningún detalle sobre las condiciones o el sueldo. Acompañamos a una trabajadora extranjera a esta peculiar entrevista de trabajo. Comprobamos que -como era de esperar- se trata de prostitución encubierta. Nos atiende el encargado, un ciudadano chino que arregla en la peluquería los encuentros sexuales que pueden llegar más lejos. Relaciones sexuales completas que se llevarían a cabo en un piso que él alquilaría: "Yo pongo el alquiler del piso, dentro lo pongo todo bien, las camas, y todo" Su castellano es precario pero se nota que domina el negocio. Cuando le preguntamos cómo conseguir a los clientes, él nos responde que los consigue a través de la peluquería y de los contactos que establece en un bar, también de su propiedad. 
De cada encuentro se lleva una comisión. Los servicios duran media hora. El cliente paga 60 euros, de los que 40 serían para la chica y 20 para el proxeneta. Cuando le preguntamos si contrata a menores de edad, nos responde que los años no son un problema para el negocio. También se compromete a arreglarnos los papeles y a darnos de alta en la seguridad social como camarera en su restaurante. 
El fenómeno es nuevo en Madrid pero no en Barcelona donde ya ha habido varias redadas. El objetivo de la policía es constatar la oferta de servicios sexuales en centros cuya licencia no prevé esa actividad. Una circunstancia que sólo se puede demostrar si se sorprende a los clientes en acción. Otra de las dificultades a las que se enfrenta la policía es probar que las trabajadoras se prostituyen de forma obligada. De ser así, este proxeneta estaría cometiendo un delito de trata con fines de explotación sexual.