AMÉLIE NOTHOMB

Amélie Nothomb dice que "hay una inadecuación total entre sexo y lenguaje"

Después de vivir anoche "un gran momento" gracias a una suculenta "calçotada", este mediodía la belga Amélie Nothomb ha presentado en Barcelona su última novela, "Ni de Eva ni de Adán", con la que vuelve a Japón para relatar una autobiográfica historia de amor en la que el sexo sólo se adivina.

Durante una multitudinaria y larga rueda de prensa, la autora nacida en 1967 en la nipona Kobe gracias al trabajo como diplomático de su padre ha explicado que todo lo que narra aquí es "absolutamente real" y si no incide en escenas sexuales es porque prefiere "cubrirlas con un velo" puesto que, mantiene, "existe una inadecuación total entre sexo y lenguaje".

Señala, en este sentido, que siempre que lee otros libros en los que se trata de sexo "me pregunto de qué están hablando" y ha agregado que tampoco cree necesario ser muy precisa con las palabras porque sus lectores son personas adultas que ya conocen el tema por experiencia propia.

En "Ni de Eva ni de Adán" -que en castellano publica Anagrama y en catalán Empúries- Nothomb regresa al Japón que la vio nacer, como ya hizo con "Estupor y temblores", y rememora, sin olvidar nunca el sentido del humor y una fina ironía, la relación amorosa, "nada platónica", que mantuvo entre los años 1989 y 1991 con Rinri, un joven estudiante de Tokio, que la acabó pidiendo en matrimonio.

Si en una de sus últimas obras, "Ácido sulfúrico", sus incondicionales seguidores disfrutaban de una ácida Amélie que cargaba las tintas contra la denominada televisión basura, aquí, el lector se encontrará con una narración amena, en la que la escritora muestra "un momento maravilloso" de su vida.

De negro riguroso, como en otras ocasiones, aunque tiznada de rojo (labios y mangas de jersey), la escritora, que ha dejado dicho que Jorge Herralde es el favorito de sus 42 editores, ha indicado que esta nueva novela es la que más tiempo ha tardado en publicar desde que ocurrieron los hechos, porque "la felicidad necesita digestión".

Por otra parte, suscribiendo la sentencia de Virginia Woolf, ha indicado que necesitaba plasmarla en papel porque hasta que no escribe lo que ha vivido no tiene conciencia de que ha ocurrido.

Respecto de las similitudes que pueda haber con la novela "Hiroshima mon amour", de Marguerite Duras, Nothomb ha zanjado que no ha querido hacer una nueva versión de esta obra y ha remarcado que mientras su texto "no es nada trágico", el de Duras "mantiene su habitual tono sagrado".

Preguntada por el Japón que refleja en la obra, ha sostenido que el hecho de contar una relación amorosa con un hombre de allí, "aunque creo que era bastante marginal", comporta ineludiblemente retratar su sociedad, aunque huyendo de "lugares comunes", como que los japoneses son todos como hormigas.

Traumatizada todavía por sus años en un parvulario del archipiélago y por su trabajo durante un año en una empresa del país, dice que lo que cambiaría, si pudiera, de su tierra de nacimiento es la rigidez porque "así no se va a ninguna parte".

Con respecto a su trabajo como prolífica escritora, ha contado, precisamente, que esta madrugada, como hace siempre, hacia las cuatro y casi en plena digestión de la "calçotada" de anoche, ha iniciado su novela número 66 -tiene una veintena publicadas- aunque no ha querido desvelar nada sobre ella. "Cada novela es como un hijito y no enseño las ecografías", ha apostillado.

Otro momento hilarante de su comparecencia ante los periodistas -anoche hubo otros ante un auditorio que desbordó todas las previsiones del Instituto Francés- es cuando ha avanzado que en su testamento ha dejado por escrito que sus manuscritos, en bolígrafo y en libretas de espiral, no se podrán tocar hasta 75 años después de su muerte.

Entretanto, está dispuesta a recibir sugerencias sobre el lugar en el que puedan guardarse en secreto, ya sea el mismo espacio sideral o la biblioteca del Vaticano, "aunque no sé si el Papa estaría muy de acuerdo", ha concluido.

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