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La Berlinale se rinde a Kate Winslet

El personaje de Hanna Schmitz, la mujer capaz de avergonzarse de su analfabetismo pero no de haber seleccionado qué presas debían morir en el campo nazi, sobrecogió a un Berlín ansioso de recibir a Winslet, tan inmensa en la pantalla como en persona.
"Mi responsabilidad ante ese papel era dar con el equilibrio necesario para interpretar a una mujer capaz de amar y de expresar ternura, y también de haber estado entre ese personal de selección", explicó Winslet, receptora de la primera ovación de esta Berlinale.
"No es una película sobre el Holocausto, sino sobre sus consecuencias y el impacto de éstas en la generación siguiente", matizó el director Stephan Daldry sobre su filme, basado en el best-seller de Bernard Schlink y con cinco nominaciones a los Oscar, entre ellos la correspondiente a Winslet.
La Berlinale cayó en la red de los devotos de 'The Reader', exhibida fuera de competición, que arranca de la historia de amor desigual entre la ex celadora y un adolescente en la posguerra alemana, deambula por los procesos de Auschwitz y desemboca en la Alemania casi actual.
A Winslet la acompaña un rictus de celadora nazi de esa historia de amor que transcurre entre la bañera, la cama y las sesiones de lectura de su jovencito. Domina siempre, aunque aparentemente se derrumbe, pero sin caer en la tentación de devorar ni al joven David Kross ni a Ralph Fiennes, los actores que interpretan a ese amor, en la adolescencia y la madurez.
El proceso de Auschwitz, celebrado en Fráncfort de 1963 a 1965, fue el primer gran juicio de un tribunal alemán contra implicados en los crímenes de ese campo de concentración nazi. Si en Nuremberg, en 1948, los altos responsables del Tercer Reich respondieron ante un Tribunal aliado, ahí les tocó el turno a ciudadanos "corrientes" -desde médicos a guardianes de Auschwitz- y ante la justicia de la Alemania renacida de las cenizas.
Hanna Schmitz fue uno de esos ciudadanos corrientes que ni en los 50, ni en los 60 ante el tribunal que la juzga, ni luego, en la cárcel, siente culpa y defiende que hizo lo que le mandaron. Sí se avergüenza, y hasta las últimas consecuencias, de no haber aprendido a leer ni escribir.
KOD