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FiSahara, no sólo un festival de cine

Se llama Jabul y estudia en Cuba. Lleva cuatro años estudiando para médico en La Habana y ahora ha vuelto para ver a su familia. El FiSahara marca la fiesta de primavera en los campos de refugiados saharauis en Argelia. No sólo es una ocasión para ver cine (con la proyección de películas, especialmente españolas, como 'Celda 211', que se exhibió tras la gala de inauguración, 'Agora' o 'Gordos'). Es, especialmente, una ocasión para reunirse con la familia.
Como Blanca. Esta cooperante llora al encontrarse con su madre Jdeiya, delante de su otra Blanca "madre", como la llaman aquí. Blanca ahora trabaja en Madrid, y prepara su viaje a Haití, pero durante algunos años vivió con los saharauis. Ahora regresa siempre a ver "a mis familias", la gente que la acogió y cuidó durante los meses aquí.
La hospitalidad saharaui es legendaria, pero vivirla es muy especial. En las jaimas en las que hospedan a los 400 visitantes que este año han acudido al FiSahara (entre actores, organizadores, prensa, y participantes que pagan su viaje por 700 euros, muchos de ellos familias de acogida de niños saharauis en verano), no falta de nada. Ofrecen todo lo que tienen con una sonrisa y están pendientes de sus invitados, más allá de lo que manda la hospitalidad. El afecto no tarda en llegar.
Y este año es aún más especial porque han llegado visitantes también de Sudáfrica, país invitado en la muestra, y de Reino Unido, donde Ken Loach apadrinó hace unos meses un festival hermanado con el del Sahara. En Dajla, un campamento de refugiados de 40.000 habitantes alberga un mundo entero y miles de afectos.