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Cuando los cuatro de Liverpool eran los cinco de Hamburgo

John Lennon, Paul McCartney, Pete Best, Stu Sutcliffe y un George Harrison de 17 años llegaron a Hamburgo el verano de 1960. Ya se llamaban The Beatles, pero no llenaban salas de conciertos y llevaban el pelo engominado hacia atrás.Habían llegado contratados por Bruno Koschmeider, un promotor de conciertos del "barrio rojo" de Hamburgo, Saint Pauli, y propietario del "Kaiserkeller", un cochambroso local de la ciudad alemana.
"Les ofrecía un salario de 15 libras a la semana y les daba comida y bebida durante los conciertos", explica Jana Soldicic, que ahora organiza los conciertos en ese mismo local, que se ubica en número 36 de la calle Grosse Freiheit y todavía promociona concursos de jóvenes valores bajo el lema de 'Kick it like Beatles'.
"Tocaban seis horas al día siete días a la semana. Un día, planearon una estrategia en contra de Koschmeider, que era conocido por ser muy rácano. En un éxtasis musical sobre el escenario, comenzaron a saltar salvajemente sobre las tablas del escenario hasta romperlas para que las cambiara de una vez", narra Soldicic.
El 3 de octubre de 1989, cuando Paul McCartney regresó a Hamburgo para iniciar su gira alemana y volvió al 'Kaiserkeller' (www.grossefreiheit36.de), ya renovado y con una barra de bar donde se ubicaba antes el escenario, reconoció aquel momento como "el nacimiento del impulso beat".
Primero habían sido contratados para tocar en el Indra. "Sois muy malos", les dirían. Pero el local cerró y un día se cayó el último grupo de local vecino, el Kaiserkeller, y Koschmeider completó con ellos un cartel en el que tocaban Rory Storm and the Hurricanes, cuyo batería era una futura estrella llamada Ringo.
"En Hamburgo aprendimos muchas cosas", diría McCartney. "Llegamos siendo unos críos y regresamos siendo unos críos maduros". Se familiarizaron con el escenario, alargaban sus temas hasta los 30 minutos y aprendieron a interactuar con el público.
Comían, bebían y se peleaban ante un público que aumentaba según iba corriendo la voz. Incluso se turnaban para dormir durante el espectáculo.
Se abrieron a un mundo de libertades que pasaron por el sexo, las drogas y el rock and roll. "En Liverpool todas las chicas llevaban faja. Aquí en Hamburgo casi exhibían sus partes íntimas", decía McCartney. En el Kaiserkeller les aseguraban que con las píldoras adelgazantes Preludin se aguantaba mucho mejor la noche. Entre sus ingredientes se encontraba casualmente la anfetamina."Ahora aquí todo el mundo dice que vio a los Beatles, pero nadie puede demostrarlo porque pocos sabían en lo que se convertirían ", expresa Soldidic.