Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Maria Joao Pires ofreció una interpretación casi mágica de nocturnos de Chopin

La nueva temporada de los Proms de la BBC, que se celebra del 16 de julio al 11 de septiembre, ofrece una tan larga como brillante lista de artistas que van desde Plácido Domingo hasta Maria Joao Pires o Simon Rattle e incluye a más de una veintena de orquestas y conjuntos de Europa y otros continentes. EFEtelecinco.es
Maria Joao Pires ofreció anoche una interpretación casi mágica de los famosos Nocturnos y otras obras para piano de Chopin en el Royal Albert Hall londinense.
Fue un concierto a horas poco usuales, pues comenzó a las diez de la noche, una vez acabado el que dedicaron a Beethoven la Symphony Orchestra de la BBC dirigida por Jiri Belohlavek con el pianista Paul Lewis, que constituyó un rotundo éxito para ambos intérpretes.
Con su talla menuda, sola en el escenario excepto cuando se incorporó un joven para volver las hojas de la partitura en la parte final del recital, Pires era como una avecilla que al final de cada pieza parecía desplomarse sobre su instrumento.
Fue un concierto emocionante pese al carácter monumental del auditorio, que casi se llenó con un público totalmente entregado al arte de la intérprete portuguesa, buena parte del cual había asistido al concierto anterior.
Pires demostró con su arte interpretativa que es posible crear una atmósfera intimista en un auditorio capaz de acoger hasta seis mil personas, sentadas en gradas y palcos o de pie en el patio central frente al escenario.
"Me imaginaré que estoy en una pequeña sala tocando sólo para un centenar", declaró la intérprete a un diario londinense antes del concierto, que significó su regreso a los Proms de la BBC tras diez años de ausencia.
Pires desmintió que vaya a retirarse en respuesta a las declaraciones que le atribuyeron algunos medios.
"Lo único que dije es que me gustaría poder hacerlo, lo que es algo muy distinto. He tocado lo suficiente. He tocado sesenta años y creo que es demasiado", explicó la pianista, que comenzó a tocar con cinco años y cumple este viernes 66.
"Tengo el mismo entusiasmo por la música que hace muchos años, pero no me gusta estar en el escenario, nunca me ha gustado, pero una cosa es no disfrutar de ello y otra no poder hacerlo".
"Una vez que empiezo a tocar, es lo mismo que antes, aunque después me siento mucho más cansada porque es algo tan exigente, no física sino psicológicamente".
En los últimos años, la intérprete portuguesa ha tendido a combinar las piezas para solita con otras para conjunto o a tocar con orquestas y directores que conoce bien.
Dar un recital como solista "no es natural, creo que centra demasiado la atención en una persona. No es porque yo sea tímida, sino porque en cierto modo no es saludable. Es como egocéntrico. La coloca a una en una posición solitaria. Por eso me gusta compartir" el escenario.
Pires, que reside actualmente en Brasil, donde trabaja con niños de zonas pobres, a los que trata de involucrar en la música, un poco como hace El Sistema venezolano, dijo que el recital que ofreció anoche en solitario en el Royal Albert Hall fue una excepción: "No voy a hacer esto todos los días".
Lo hizo por Chopin, uno de los compositores centrales de su repertorio, de cuyo nacimiento en Zelazowa Wola (Polonia) se cumple ahora el bicentenario.
Sobre los Nocturnos, Pires ha comentado en alguna otra ocasión que se trata de "miniaturas", palabra a la que no debe darse una connotación peyorativa, que muestran "una conexión directa con la fuente de la música".
"Hay compositores que tienen que construir su música, pero en los Nocturnos hay fluidez entre la música y el compositor. Es lo que llamamos inspiración". Y a través de Pires la música de Chopin parecía fluir anoche del piano tan naturalmente como el agua fluye de la fuente. Y los cerrados aplausos finales del público casi sonaron a sacrilegio.
Joaquín Rábago