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Muñoz Molina: "Wagner es el primer ejemplo después de Beethoven de la consideración del artista como genio"

El Príncipe de Asturias advierte en el Hay Festival de Segovia de la "peligrosa" tendencia humana al monoteísmo
El escritor Antonio Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2013, ha ensalzado a Richard Wagner como el primer ejemplo después de Beethoven de la consideración del artista como genio, algo nada propio de épocas anteriores al siglo XIX que sin embargo sí se dio en el caso de ambos músicos.
El autor ha participado este domingo en Segovia en una conversación con el director musical del Liceo, Josep Pons, y el periodista y también escritor Jesús Ruiz Mantilla sobre la vida y obra de Wagner y Giuseppe Verdi, por los que todos ellos siente devoción. El encuentro ha puesto el punto y final al Hay Festival, que ha reunido en la ciudad del Acueducto a un centenar de artistas y escritores durante cuatro días.
Durante el acto Muñoz Molina ha señalado que la mente humana tiene una tendencia "peligrosa" al monoteísmo, que tiene la necesidad de defender a un artista en un intento por fanatizar con un asunto, como ocurrió con Wagner, objeto de ese culto al genio, de seres hipertróficos que están por encima de los demás y que se creen con derecho a todo.
El culto hacia él, sin embargo, tuvo mucho que ver con la admiración que Hitler le procesó, según ha añadido Ruiz Mantilla, quien ha recordado que el artista de Leipzig, "malinterpretado" por el caudillo, se convirtió así en "héroe del nazismo".
Josep Pons ha agregado por su parte que Wagner fue siempre consciente de que sabía mucho y se sentía en un "destino mesiánico", en un destino "de crear más allá". El compositor, que detestaba no sólo el teatro del siglo XIX sino también al público, tuvo el impulso siempre de hacer otra cosa, y lo consiguió, ha dicho el director musical del Liceo, quien ha reconocido que esta actitud mezclada con la soberbia hizo de él un "monstruo". No obstante, ha recordado, "la música ha tenido otros monstruos que no han escrito la Tetralogía".
"La gente alrededor siempre hablaba de Wagner como un genio, algo que no pasa con Verdi, que no tiene continuadores de su obra", ha subrayado Pons, defensor del compositor germano como una influencia determinante en la historia de la música.
La conversación, que ha servido para homenajear en su bicentenario a dos de los creadores que cambiaron precisamente esa historia, según ha resaltado Ruiz Mantilla, ha arrancado con una alusión al libro 'La novela de la ópera', escrita en 1924 y reeditada en español por Espasa-Calpe hace unos años, en la que el escritor austro-checo Franz Werfel retrata la coincidencia de ambos compositores en Venecia, donde sólo se cruzaron una vez.
COMPLEJO DE INFERIORIDAD
Muñoz Molina ha comentado que en esta novela, que ha descrito como un relato sobre el talento y el complejo de inferioridad, se refleja a un Verdi que se siente acabado y sin nada que decir. Plasma, ha dicho, esa comparación secreta que se establece entre los artistas, un asunto contemporáneo y que hizo sentir entonces al músico de Italia por antonomasia "remorderse casi destructivamente por la sospecha de que Wagner era mejor que él", sin saber que por delante tendría algunas de sus mejores obras, entre ellas 'Otelo'.
"A pesar de sentir rechazo hacia Wagner, Verdi sabía que había algo importante en su música que le haría aprender", ha dicho el escritor, a quien ha replicado Pons con una defensa de la admiración que en su opinión el músico alemán sentía hacia el compositor italiano.
Durante el acto, que se ha desarrollado en el Teatro Juan Bravo, Pons ha admitido la dificultad que existe para enfatizar con un personaje de Wagner, que siempre guardan a su juicio un "lado oscuro". El director musical del Liceo ha utilizado la palabra 'tóxico' para hablar del compositor germano, cuyas piezas considera de "enorme belleza" y "extáticas", aunque ha reconocido que no sabe exactamente qué es lo que le atrapa de ellas.
El Cuarteto Avanti se ha encargado de cerrar el encuentro con la interpretación de la única pieza de cámara que compuso Verdi.