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Noticia de un secuestro: García Márquez, Richard y yo

ana ortastelecinco.es

De todas las personas que aparecen en este título la única que no es importante soy yo. Pero la casualidad y la memoria, que luego perdería el maestro, sí hicieron posible en aquel septiembre de 1994 que la realidad y la ficción se encontraran en Miraflores de la Sierra donde 10 jóvenes periodistas españoles y 10 latinoamericanos iban a escuchar el primer capítulo de la vuelta al periodismo del maestro García Márquez: Noticia de un secuestro.

Gracias a la Fundación Nuevo Periodismo Latinoamericano y a la Escuela de Periodismo de ELPAIS, pude acudir a ese privilegiado curso de 3 días que iba a impartir el Premio Nobel. Recuerdo, de aquellos días los heterogéneos orígenes de todos nosotros y la veneración que teníamos por el autor de Cien años de soledad. 
Recuerdo que se hizo el silencio al entrar el escritor en el aula. Sus movimientos eran lentos y seguros, con un deje de cansancio. Nos habló del oficio de escribir y del periodismo, como era imprescindible la precisión de los datos, la veracidad de los detalles. 
Y entonces nos leyó el primer capítulo de su vuelta al periodismo: Noticia de un secuestro, la historia del secuestro entre otros, de la periodista colombiana Diana Turbay y su muerte, que todavía estaba investigando. 
Leía y narraba García Márquez casi mejor que escribía, o al menos eso me pareció siempre a mí. Al acabar nos hacía preguntas sobre nuestras impresiones y  no decíamos mucho quizá por lo impresionados que estábamos. 
Y entonces, no recuerdo si fue el primer día o el segundo, nos contó su preocupación por el final del libro o el final del reportaje, como lo llamaba él. Necesitaba saber cómo había muerto la periodista Diana Turbay en el cruce de balas que se produjo en su intento de liberación, y sólo una persona lo sabía: el camarógrafo Richard Becerra, que fue secuestrado con ella y en cuyos brazos murió. 
Esa historia me sonaba, como si otra persona me la hubiese contado desde otro punto de vista. Tardé unos minutos en reaccionar. "Yo conozco a ese cámara y vive en España, pero se llama Jon"- dije en voz alta.
El maestro me miró serio y me dijo: "No, se llama Richard.Pero si te ha contado esa historia a lo mejor la ha vivido."- dijo Gabo.  "Bueno, sí se llama Becerra y hace un año me contó su secuestro mientras recogíamos el trípode y la cámara"- añadí.. "Pues búscalo, que espero a Richard a las 9 de la mañana en el Ritz, que pregunte por mí" dijo con cierto cansancio el maestro. 
Era la época de las cabinas telefónicas y de las milagrosas llamadas a los teléfonos fijos. Por la noche llamé a Jon a su casa, y como ocurría en aquellos tiempos pre-móviles, me cogió el teléfono. Atropelladamente le conté  porqué le llamaba. Con nerviosismo  y ansiedad le pregunté si realmente el era Richard o Jon y él me dijo que los dos por motivos de seguridad. 
Jon fue a su cita con el maestro, pero ninguno de los dos me contó jamás de que hablaron. Ese día García Márquez llegó algo más tarde y en la comida protocolaria con la que se daba fin al curso dormitó varias veces  mientras alababan su obra. 
Al maestro le vi tres o cuatro veces más en sus visitas a Madrid. A Jon, ese personaje literario vivo, me lo encuentro varias veces al año cubriendo con su cámara todo tipo de acontecimientos y sufriendo como todos los rigores de la crisis.  De aquella historia y de aquel verano me quedaron otras impresiones y una bonita dedicatoria de Gabo una vez que el libro quedó impreso.