Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Raimon y la nostalgia de un concierto vetado

El comentario general era compartido. "Entran los de siempre, los que ya están sentados", comentaba Manuel, ahora profesor pero en aquel tiempo estudiante de Filología. "Después de cuarenta años, seguimos igual", explica resignado este hombre que se ha tenido que conformar con ver al cantautor valenciano en una pantalla instalada en el hall de la Facultad de Medicina.
Los que sí pudieron verle a pocos metros fueron Bibiana Aído, Miguel Sebastián, Elena Salgado, Leire Pajín o Juan José Millás. Ellos sí disfrutaron de la música 'sociológica' e historia del cantante de Xátiva. Los que se quedaron fuera, miraban sin parpadear la pantalla. "Me ha dolido mucho. Después de cuarenta años, seguimos igual, No nos han dado ni opción a poder entrar", relata Mercedes, profesora de Biología en esta Universidad desde hace 32 años y participante en las protestas españolas de aquel mes de mayo.
 
Desasosiego calmado
El concierto cambió mucho en aquel momento, enfervorizó a los que desde las aulas buscaban libertad y fue un soplo de aire fresco para quiénes necesitaban un aliento en la lucha contra el sistema franquista. Una vez se apagaron las luces del auditorio, Raimon fue el de siempre. Emotivo, íntimo y profundo. A los de fuera, se le olvidó el mal rato para corear las canciones que hace hoy cuarenta años les devolvieron por un momento la libertad.
Atentos, entregados a la música del cantautor valenciano escucharon 'Un niño despierto y abierto al mundo', 'En verano cuando son las nueve, son las siete hora solar' 'Canciones que sólo puede haber compuesto Raimon y que en su voz suenan a 'desasosiego calmado', como él mismo entona.
Una generación limitada por el franquismo, que ha conocido la ausencia de libertades, coreaba las canciones de Raimon, y era incapaz de no emocionarse. Los ojos bañados en lágrimas mientras se sonreían recordando aquellos años de lucha y su juventud. Atentos, entregados cuarenta años después sienten una 'extraña nostalgia' al escuchar de nuevo la magia de Raimon.