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Sacan a la luz dos enterramientos infantiles de la ocupación visigoda y parte del trazado urbano de Contrebia Leucade

El director general de Cultura, José Luis Pérez Pastor, ha informado este lunes, junto al alcalde de Aguilar de Río Alhama, Ramón Martínez, del resultado de la campaña arqueológica desarrollada este verano en el yacimiento de Contrebia Leucade y que si bien ha sido corta en el tiempo ambos no han duda en calificarla como "muy fructífera".
Las excavaciones, que daban continuidad a una campaña desarrollada anteriormente en la que se descubrió un horno de piedra de cerámica, conocida como terra sigillata, se han centrado en una ladera que discurre de manera paralela a la muralla intramuros, en dos viviendas de carácter rupestre.
El director general ha destacado el hallazgo de dos enterramientos infantiles de la ocupación visigoda y que estaban prácticamente completos. Se trataría de dos niños de entre 5 y 7 años, a juzgar por el desarrollo de su dentadura y huesos.
También se ha podido descubrir una parte importante del trazado urbano de Contrebia Leucade, al excavar en la calle que discurre frente a las dos viviendas y descubrir huellas de carros.
Además, José Luis Pérez Pastor ha incidido en que las excavaciones han permitido tener un mayor conocimiento de la vida cotidiana desarrollada en estas viviendas, que todas las culturas asentadas a lo largo de los siglos en Contrebia Leucade reutilizaron por lo que se han hallado vestigios de distintos momentos históricos.
"Se han descubierto bastantes restos de huesos de animales, en concreto de conejo, lo que nos aporta importante información sobre la alimentación de sus habitantes, restos de cerámica similares a los hallados en los hornos de Tricio y fragmentos de olla del siglo VIII, además de una hebilla de cinturón de cierto interés realizada en bronce", ha detallado el director general.
"Con cada excavación seguimos conociendo mejor cómo se construía y cómo se vivía en Contrebia Leucade", ha señalado.
Además, se han editado más de mil folletos con material divulgativo para acercar al público algunas de las características más destacadas del yacimiento, como el contexto histórico en el que se desarrolló este asentamiento celtíbero, su función defensiva, la adaptación del urbanismo a la irregularidad del terreno o los sistemas de abastecimiento y canalización del agua que utilizaban sus habitantes a lo largo de los siglos.
YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO.
El yacimiento arqueológico de Contrebia Leucade, declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica, se localiza entre el escarpe sobre el río y el complejo foso-muralla y otros espacios periféricos, de menor tamaño, que reforzaban el sistema defensivo o que desempeñaban funciones complementarias, como las de guardar ganado.
Las muestras más antiguas de la presencia humana datan del final de la Edad de Bronce y se encuentran en la llamada Cueva de los Lagos, un lugar que fue utilizado como lugar de enterramiento por un pequeño grupo humano. El primer asentamiento se produjo más tarde, durante la primera Edad de Hierro, cuando se construyó un poblado sobre la cumbre del monte más occidental, aprovechando las posibilidades defensivas de la localización.
Sobre esta base, surgió durante la Segunda Edad de Hierro la ciudad celtibérica hoy conocida como Contrebia Leucade. Fue en este período cuando el asentamiento alcanzó su extensión definitiva de 12 hectáreas de superficie amurallada, se construyó su sistema defensivo y se organizó su trazado urbano.
Tras el cambio de Era, en la época imperial, la ciudad registró un periodo de renovada actividad, construyéndose entonces la muralla que cierra el lado norte. Ya durante el siglo VII, la ciudad volvió a acoger un importante volumen de población, que perduró, tras a conquista islámica, hasta finales del siglo IX o inicios del X.
Con su declaración como bien de Interés Cultural, el yacimiento goza de la máxima protección que prevé la ley para los bienes patrimoniales y cumple con el objetivo del Gobierno riojano de proteger, conservar, mejorar y fomentar el patrimonio cultural, histórico y artístico de la comunidad, ya que constituye un bien social de la región.