Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El desigual reparto de la ayuda humanitaria deja hambrientos y hartos de comer en Haití

Las desigualdades entre ricos y pobres, o entre pobres y paupérrimos, no es una excepción tras una catástrofe como la que vive Haití, y las quejas por las diferencias están levantando su voz ahora, doce días después del seísmo, cuando finaliza la búsqueda de supervivientes entre los escombros y deja paso al nerviosismo y la preocupación que tienen los vivos, que no es otra que la de buscar qué echarse a la boca. Las denuncias llegan desde Cité Soleil, la Ciudad del Sol, el barrio más pobre de Puerto Príncipe.
"Las autoridades siempre se han olvidado de esta zona, y seguimos igual, aquí no ha llegado ni agua, ni comida, ni medicinas", explica una joven haitiana, que pone en entredicho las afirmaciones del gobierno haitiano, que dice que la ayuda a llegado al menos al 60% de su pueblo. Un miembro de la OMS, no obstante, sí ha reconocido que están teniendo problemas a la hora de repartir la comida. Afirma que en algunos campos de refugiados sólo un 10% de la gente ha recibido ayuda y en otros campamentos, por el contrario, se han repartido tres veces más comida de la necesaria.
Más de 600.000 personas malviven en los 500 campamentos de refugiados que se han levantado en el país. Se calcula que el éxodo podría implicar hasta a un millón de personas. Se van porque no tienen nada, pero en los mercadillos, sin embargo, sí hay cocos, verduras y pescado. Lo que no hay son clientes, porque casi nadie puede comprar nada, y mucho menos con los elevados precios que están tomando los bienes de primera necesidad.
Y en medio del caos, Caribe Radio ha montado un estudio al aire libre y lleva días prestando un servicio esencial para saber dónde se están repartiendo alimentos o dónde atienden los servicios sanitarios, así como trabajan para unir a los habitantes de Puerto Príncipe, dando cuenta de rescates y reencuentros. Su director culpa al gobierno de no saber organizar la ayuda y, dice, éste es el principal responsable del pillaje.
Entre la incertidumbre por la familia, por si marchar o quedarse, cientos de miles de haitianos esperan noticia de los suyos, una llamada que no llega, y por eso la recarga de baterías es uno de los pocos negocios con clientela. Cuesta unos cuatro dólares. IM