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Nueva York recuerda a las mujeres que hicieron historia en Wall Street

Reproducción de la fotografía que ilustra la portada de la exposición "Las mujeres de Wall Street" que el Museo de las Finanzas de Nueva York inauguró para recordar a las mujeres que protagonizaron la historia de Wall Street. EFEtelecinco.es
Un museo de Nueva York recuerda desde hoy a las mujeres que han protagonizado la historia de Wall Street, entre ellas una primera dama, una candidata presidencial, la estadounidense más rica del mundo, una experta en el sector ferroviario y la primera en sentarse en el parqué neoyorquino.
"Las mujeres de Wall Street" es el título bajo el que el Museo de las Finanzas muestra hasta el 16 de enero la presencia femenina en un mundo mayoritariamente dominado por los hombres.
"No creo que el ambiente en Wall Street fuera particularmente discriminatorio: Era sólo un grupo de gente que se sentía a gusto y las oportunidades se las daban a la gente con la que estaban a gusto, y esos eran hombres blancos", asegura hoy en día la directora de gestión de Allen & Company, Nancy Peretsman.
Para los organizadores, la primera protagonista de esta historia es Abigail Adams (1744-1818), que a los 20 años se casó con John Adams, quien sería el segundo presidente de EE.UU. (1797-1801).
Pese a las indicaciones contrarias de su marido, Abigail Adams tomó la entonces estrambótica iniciativa de invertir sus ahorros en deuda pública con un tío suyo como agente y logró aumentar notablemente los ingresos familiares.
La protagonista de la historia de Wall Street de mayor renombre internacional es la feminista Victoria Woodhull (1838-1927), conocida sin embargo por haberse postulado a la presidencia de EE.UU. en 1872, décadas antes de que las mujeres pudieran votar, aunque existen serias dudas sobre la legalidad de su candidatura.
Nacida en una familia humilde, Woodhull terminó abriendo junto a su hermana la primera correduría de Wall Street gestionada por mujeres, luchó por los derechos del "sexo débil" y hasta dirigió su propia publicación semanal.
El dinero lo consiguió asesorando espiritual y financieramente al empresario Cornelius Vanderbilt, patriarca de los Vandervilt, quien creía en la capacidad de Woodhull como médium espiritista.
Las hermanas ganaron más de 700.000 dólares de la época (unos 8,5 millones de euros de ahora) y atrajeron gran atención de la prensa, que las llamaba "las reinas de las finanzas" o "las brokers hechiceras".
El humilde origen de las Woodhull contrasta con la riqueza en la que nació Hetty Green (1834-1916). De niña le leía las páginas económicas del diario a su padre y a los 14 años decía saber "tanto sobre finanzas como cualquier hombre", por lo que no es de extrañar que gestionara su propio dinero y que pronto convirtiera una generosa herencia en una gran fortuna.
Conocida por su pericia financiera, Green llegó a ser la mujer más rica de EEUU y fue incluida en el Libro Guinness de los Récords como "la persona más avara del mundo".
Su exitosa estrategia fue muy clara: Invertir de forma conservadora, reservar efectivo para soportar cualquier vaivén del mercado y nunca pedir dinero, aunque sí prestarlo.
"Con la fuerte entrada de las mujeres en el mundo laboral las organizaciones han tenido que cambiar, lo que ha permitido una sociedad mucho más saludable y productiva", explica en la actualidad Rosemary McFadden, ex presidenta de la Bolsa de Nueva York, en una entrevista que también forma parte de la exposición.
Otra mujer que hizo historia fue Isabel Benham, una de las cinco únicas mujeres que se graduó en Economía en la escuela para chicas Bryn Mawr, donde hasta 1931, cuando ella lo pidió, no se impartía esa materia.
Según los responsables del museo, cuando dijo que quería estudiar Economía y trabajar en Wall Street, el decano de la universidad le recomendó hacer mecanografía.
Benham, que está a punto de cumplir cien años, llegó a ser una reputada analista de bonos y fue la primera mujer socia de una casa de deuda de Wall Street.
La quinta mujer que revisa el museo, que como no podía ser de otra forma está en la calle Wall Street, es Muriel Siebert, primero conocida como "Mickie" y luego como "la primera mujer financiera".
En 1967 y tras nueve intentos fallidos, Mureil Siebert logró con 35 años el necesario apoyo de dos patrocinadores para ser la primera mujer en comprar un asiento en la Bolsa de Nueva York, por 445.000 dólares. Allí compartía con 1.365 hombres hasta los aseos, pues por entonces no había servicios de mujeres en el parqué neoyorquino.
Le costó ocho años crear Siebert & Co, la primera correduría de descuento de Wall Street que aún hoy preside, y dos años más en convertirse en la primera mujer en ocupar la Superintendencia de los Bancos de Nueva York.