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¿Hay alguien ahí?

La mayoría de las empresas españolas tienen un muro delante que no quieren o no se atreven a saltar: salir al extranjero para vender sus productos y servicios. Un logro que, en el caso de las pequeñas compañías –la inmensa mayoría en nuestro país- aún resulta más complicado.
“Hay un problema inicial de desconocimiento, de temor”, cuenta Enrique Verdeguer, director general de Información e Inversiones del Instituto de Comercio Exterior, ICEX. “Hay desconocimiento desde el punto de vista de formación de sus cuadros, de sus equipos; problemas de idiomas, de desinformación”, dice.
A pesar de ser la novena mayor economía del mundo y la quinta de Europa, el mercado español se sitúa como el décimo octavo exportador internacional. El matiz positivo es que la industria exportadora española ha conseguido mantener su cuota mundial en la última década: el 1,90%. Y ello, incluso cuando en estos años han irrumpido como verdaderos ciclones China, India y otras grandes potencias emergentes.
Tumbar el muro de la exportación
Ahora, en plena crisis, la necesidad obliga: se sale al exterior -aunque sea a regañadientes- para salvar las cuentas. En 2009, 108.000 empresas españolas exportaron sus productos a terceros países, un 6% más que durante 2008, según datos del ICEX.
El problema sigue estando en los más pequeños del ecosistema empresarial: firmas que no tienen el pulmón financiero suficiente para explorar nuevos territorios y tratar de poner su pica en Flandes. Para ellos, ese muro es insalvable.
Para tumbarlo, el ICEX ha puesto en marcha un nuevo servicio, diseñado específicamente para esas pequeñas y medianas compañías con ganas de salir fuera, pero sin muchas posibilidades de hacerlo factible. Con la ayuda tecnológica de Cisco Systems y el apoyo de Telefónica, este organismo público quiere promocionar la telepresencia, una herramienta de videoconferencia mejorada, basada en pantallas de alta definición, sonido envolvente y vídeo en tiempo real.
Esta tecnología “tumba, fundamentalmente, la barrera de la proximidad”, señala Verdeguer. Pone al servicio de las empresas “un acercamiento a contactos, a socios, a distribuidores que, de otra manera, sería mucho más complicado y, por supuesto, mucho más costoso”, apunta.
Un ahorro del 30%
El coste de este servicio está en unos 150 euros por hora de conexión. Unas migajas frente a los miles de euros que cualquier exportador se gastaría entre viajes, hoteles, dietas… sin contar con el cansancio añadido que acarrea el desfase horario de muchos desplazamientos.
“Las empresas españolas gastan 13.000 millones de euros en viajes, lo que supone la tercera mayor partida de gastos”, dice Miguel Deltell, director de Cuentas de Telefónica. Según afirma, el uso de esta tecnología permitiría “ahorrar un 30% de los gastos empresariales dedicados a viajes”.
El ICEX cuenta, de momento, con dos salas propias de telepresencia, en Madrid y Shangai (China). Pero tiene acuerdos con otras 200 instalaciones similares repartidas por medio mundo y apadrinadas por Telefónica y Cisco.
Un entorno “real”
Evidentemente, esta herramienta no sustituirá nunca al contacto físico, pero sí ayuda. Al menos, en las etapas iniciales de toda compañía con ganas de comerse el mundo.
Se trata de un entorno muy conseguido. La sensación que queda durante una reunión de trabajo vía telepresencia es la de estar compartiendo el mismo espacio físico. Alrededor de una mesa ovalada, los participantes “reales” y los “virtuales” que asoman a los tres grandes plasmas de televisión, a tamaño natural, comparten informaciones e intercambian documentos si es necesario.
Además de esta plataforma puramente tecnológica, el ICEX apoya al exportador con todos los servicios y expertos in situ que necesite para facilitar su presencia en los mercados exteriores. El objetivo último es que consiga fraguar algún tipo de alianza estratégica que el permita saltar finalmente ese muro.