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Un total de 25 bancos suspenden los test de estrés con déficit de capital de 25.000 millones

Un total de 25 bancos europeos han suspendido este domingo los test de estrés realizados por el Banco Central Europeo (BCE), con un déficit de capital de 25.000 millones de euros a finales de 2013.
Una docena de los 25 bancos ya han cubierto 15.000 millones de déficit durante los primeros meses de 2014. El resto disponen ahora de dos semanas para enviar su plan de recapitalización al BCE.
Las entidades examinadas debían alcanzar una ratio mínima de capital de máxima calidad del 8% de sus activos en el escenario base de los test de estrés, mientras que en el escenario adverso debían mantenerse en al menos un 5,5%.
Los bancos que todavía requieren capital adicional deben enviar ahora al Banco Central Europeo (BCE) planes con las medidas que piensan adoptar para recapitalizarse en un plazo de dos semanas. A continuación, dispondrán de entre seis y nueve meses para cubrir sus déficits de capital.
La factura deberá ser pagada en primer lugar con soluciones privadas y recursos internos, vía los accionistas y los acreedores junior, como preferentistas o titulares de deuda subordinada. Sólo si esto no resulta suficiente, las entidades podrán solicitar ayudas públicas, que en primer lugar serán nacionales. Si algún Estado miembro no cuenta con recursos suficientes, podrá pedir un rescate bancario a la UE similar al español.
El objetivo de los test de estrés es identificar los problemas que todavía quedan en el sistema financiero europeo justo antes de que el BCE se convierta en el supervisor único de la eurozona, algo que sucederá el 4 de noviembre. Con ello se pretende completar la reestructuración bancaria y recuperar la credibilidad ante los mercados para poder reactivar el crédito a la economía real.
Las dos anteriores rondas de test de estrés, llevadas a cabo por la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) fracasaron a la hora de detectar los problemas del sistema bancario europeo. La primera ronda, en 2010, no identificó la crisis de las entidades de Irlanda, que dos meses después tuvo que pedir el rescate. En la segunda, en 2011, no se detectaron las dificultades de las cajas españolas ni de la banca chipriota.