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El desplome de la inversión y del consumo lleva a España a la recesión

El desplome de la inversión y la caída del consumo de los hogares provocaron al cierre de 2008 la primera recesión española en dieciséis años, que también confirmaron el pronunciado descenso del empleo y la menor actividad en todos los sectores excepto en los servicios.
El Instituto Nacional de Estadística ratificó hoy el dato que ya adelantó hace una semana: aunque la economía creció en el conjunto de 2008 el 1,2 por ciento, su deterioro se acentuó entre octubre y diciembre con una caída intertrimestral de un punto, e interanual de siete décimas.
Para el Gobierno, los datos confirman su previsión oficial de 2008 y hacen aún válida la de 2009 -de una caída del 1,6 por ciento- y, aunque advierte de que la primera parte del año será la "difícil", cree que las cosas "deberían cambiar" a finales de 2009, según el secretario de Estado de Economía, David Vegara.
Vegara reconoció no obstante que la incertidumbre de los mercados financieros, fundamental para el funcionamiento de las economías modernas, sigue siendo muy elevada, lo que impide descartar, como ayer apuntó el vicepresidente segundo, Pedro Solbes, que en 2010 se hayan acabado las complicaciones.
El descenso intertrimestral del PIB en los últimos tres meses de 2008, al ser el segundo seguido, confirma que España está en recesión por primera vez desde 1993.
A ese año hay que remontarse para encontrar datos tan negativos como los registrados en el cuarto trimestre en la inversión, el consumo privado o el empleo, aunque hay que ir mucho más atrás para otras rúbricas como la de la actividad industrial, con la mayor caída desde 1980, según datos del INE.
El crecimiento de una economía se mide por la diferencia entre su demanda interna, consumo e inversión, y la externa, que recoge el saldo entre exportaciones e importaciones.
Durante los años de bonanza fue la demanda interna la que empujó el crecimiento, pero su caída, de tres puntos entre octubre y diciembre, supone ahora el mayor freno.
Esto se ha debido, en primer lugar, al desplome del 9,3 por ciento en la inversión: la destinada a la construcción sigue cayendo (10,9%) empujada sobre todo por la menor iniciación de viviendas, pero también baja en gran medida la más productiva, la de bienes de equipo (9,7%).
Mientras, la desconfianza y el descenso del empleo -que fue del 3,1 por ciento en el cuarto trimestre, el equivalente a 620.000 puestos de trabajo menos a tiempo completo en un año- hicieron que se acentuara la caída del consumo de los hogares, que fue de 2,3 puntos.
Frente al debilitamiento de la demanda interna, un dato positivo: la mejora de la aportación al crecimiento del sector exterior, que fue de 2,3 puntos y de 1,8 puntos en el conjunto de 2008.
Aunque en el cuarto trimestre bajaron las exportaciones, también lo hicieron, en mayor medida, las importaciones, debido a la caída de la demanda.
La recesión se plasmó también en la actividad, que se siguió deteriorando en todos los sectores. Sólo se salvan los servicios, que siguen creciendo, aunque en menor medida.
Así, en el cuarto trimestre la actividad en la construcción casi dobló su caída, que fue del 8 por ciento; la de la industria fue del 5,5 por ciento, se estancó la de la rama energética y bajó el 2,7 por ciento en la ramas agraria y pesquera. En los servicios aumentó el 1,7 por ciento.
La menor actividad conllevó menor empleo: una caída del 20,8 por ciento en la construcción, del 4,1 por ciento en la agricultura y la pesca, y del 1,1 por ciento en la industria y la energía. Los puestos de trabajo sólo aumentaron, de nuevo, en los servicios, el 1,1 por ciento.
La caída del PIB y del empleo provocan sin embargo otro dato positivo, la mejora de la productividad, que fue de 2,5 puntos en el cuarto trimestre y de 1,8 en el conjunto del año.
Esto supone que los dos talones de aquiles de la Contabilidad Nacional en los últimos años -sector exterior y productividad- son ahora los únicos que mejoran en época de recesión.