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Los gastos con nombres y apellidos de las tarjetas ‘B’ de Caja Madrid

Desde joyas a viajes o fiestas de Nochevieja, no había capricho que no se dieran los consejeros y directivos de Bankia a cargo de las tarjetas opacas. 

Llamadas las tarjetas black, tarjetas negras, porque eran invisibles para hacienda, el dinero que gastaban a espuertas no se reflejó nunca en sus cuentas corrientes, ni pagaron impuestos por él.

Sus tiendas favoritas debían de hacer la ola cada vez que llegaban tarjeta en mano. Ropa, ordenadores, electrodomésticos, muebles, juguetes. En diciembre las tarjetas echaban humo con las cenas y comidas de Navidad, regalos, viajes, por no hablar de retiradas de efectivo. Raro era que no llevaran algo suelto en el bolsillo: sacaron más de 5 millones de euros. Ésa es la partida más importante del pozo sin fondo de Caja Madrid-Bankia.

El que más acudió al cajero, 695 veces, 366.350 euros, Moral Santín, ya ex de Izquierda Unida. Los del PSOE y PP tampoco se quedaron cortos, como los representantes de la patronal CEOE y CEIM y los sindicatos UGT y Comisiones Obreras. Entre los populares, hay quien se iba a los toros para San Isidro, como Pablo Abejas, casi 3000 euros.

Unos 11.400 euros en joyería se gastó Mercedes de la Merced. Entre los socialistas, Ramón Espinar superó los 18.000 euros en ropa de marca. Arturo Fernández, de los empresarios madrileños, se pagó a sí mismo, en sus restaurantes, casi 10.000, como el sindicalista Francisco Baquero, que además de gastar en su propio restaurante abonaba el colegio, 5000 €, los muebles, más de 10.000 euros, viajes y restaurantes, 100.000 euros y hasta la suscripción a la televisión de pago, 2500 euros.

Vacaciones, restaurantes, boutiques, todo de lujo, no es extraño que acabaran por duplicar el límite de gasto de sus tarjetas. Pero también para pequeños gastos corrientes, como la compra en el súper, en el estanco o hasta en lotería. Les parecía poca la que ya les había tocado.