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"Mi hijo tiene ocho días y no tengo nada de comida para darle"

Los haitianos se concentran en los campos de refugiados. La gente aquí no tiene nada. Solo unas viejas sábanas para construir un techo. Lo único que les sobra es tiempo para recibir la ayuda. Un padre cuenta con su hijo de ocho días en brazos que no tiene nada que darle para alimentarlo. Se limitan a esperar, desesperados, a que les llegue la ayuda. 
Mientras tanto, otros haitianos intentan dejar el país. Con las manos en alto y el pasaporte bien visible se concentran a las puertas de las embajadas de Canadá y EEUU. La respuesta de los funcionarios se repite: vuelve a casa.
Encontramos un hombre que lamenta no poder irse porque aunque él podría hacerlo, a su hija no se lo permiten. El resto de la familia ha fallecido.
Quienes no salen de Haití, intentan dejar Puerto Príncipe. Se suben a los autobuses que van al campo. Aunque van llenos, el precio de los billetes se ha doblado. Los dueños dicen que también se ha duplicado el precio del combustible.