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La ingesta media de energía diaria de los españoles descendió un 13% en los últimos 40 años

La ingesta media de energía diaria de los españoles ha descendido un 13 por ciento en los últimos 40 años, según se desprende de 'La dieta española: una actualización', un trabajo científico realizado por el profesor Gregorio Varela Universidad CEU San Pablo.
Este trabajo, que ha servido de base para la elaboración del Documento de Consenso 'Obesidad y Sedentarismo en el Siglo XXI: ¿qué se puede y se debe hacer?', muestra que un descenso en la ingesta de todos los macronutrientes, debido a un cambio en el patrón alimentario que ha supuesto un perfil calórico desequilibrado.
"Resulta excesivo para el conjunto de la población española adulta estudiada el aporte de lípidos, desequilibrando el perfil calórico, principal índice de calidad de la dieta. No obstante, la calidad de la grasa es todavía razonablemente satisfactoria, toda vez que la contribución de los ácidos grasos monoinsaturados es positiva, si bien deberíamos reducir el aporte de grasa saturada", señala Varela.
Se ha reducido la ingesta de todos los macronutrientes excepto de los lípidos. Ello ha llevado a un perfil calórico desequilibrado, con insuficiencia de hidratos de carbono y fibra, y un exceso de aporte de lípidos. También se sitúa por encima del aporte de proteínas de la dieta, fundamentalmente las de origen animal. En relación al estado en micronutrientes, resultan especialmente significativos los bajos valores observados para la vitamina D, los folatos, o el zinc.
Actualmente, teniendo en cuenta la contribución de los diferentes grupos de alimentos a la ingesta total diaria de energía, los cereales (24,6%), carnes y derivados (14,3%), los aceites y grasas (13,6%) y la leche y sus derivados (12,5%) son los que contribuyen en mayor medida, seguidos a mucha distancia de los pescados y mariscos (3%), las bebidas no alcohólicas (2,9%) o las bebidas alcohólicas (2,3%).
Recuerda Varela que "a pesar de haber reducido la ingesta de calorías en la dieta, no somos capaces de tener un balance equilibrado, ya que nuestro gasto energético debido a nuestro estilo de vida inactivo es muy inferior al deseable". El problema, añade, es que "si reducimos de manera continuada la ingesta de energía, podemos tener dificultados para incluir en esa menor cantidad de energía las vitaminas y minerales necesarios".