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AI denuncia que se esté utilizando la inanición como arma en Siria, algo calificado como crimen de guerra

La organización en defensa de los Derechos Humanos Amnistía Internacional (AI) se ha sumado a la oleada de denuncias por la situación que se vive en Madaya, Al Foua y Kefraya, localidades sirias bajo asedio, y ha denunciado que se esté utilizando la inanición como arma, algo que está calificado como "crimen de guerra".
"Utilizar la inanición como método bélico es un crimen de guerra. Las partes en conflicto que están permitiendo el asedio a áreas civiles --es decir, el Gobierno y los grupos armados no estatales--, deben dejar de impedir la entrada de ayuda humanitaria y permitir su acceso inmediato y sin restricciones", ha asegurado Philip Luther, director de Amnistía Internacional para Oriente Próximo y Norte de África.
La organización, al igual que han hecho otras agencias humanitarias, ha entrevistado a numerosos residentes de estas áreas, en las que la escasez de alimentos se ha convertido en el principal problema, dibujando así el desolador panorama que se vive en la región.
Mohammad, residente en Madaya, asegura que los habitantes de la zona sólo comen una vez cada dos días. "Cada día me levanto y empiezo a buscar comida", afirma. "Algunos días sólo tenemos agua y sal y otros, las hojas de los árboles", añade.
"He perdido mucho peso. Parezco un esqueleto cubierto sólo de piel (...). En Madaya sólo se pueden ver esqueletos andantes", añade. La peor parte se la llevan los más pequeños. "Los niños están todo el día llorando", afirma.
Um Sultan tiene tres hijos y nada en el bolsillo con qué alimentarlos. "No me puedo permitir comprarles comida. Un kilo de arroz o de azúcar cuesta unas 100.000 libras sirias --unos 485 euros--¿Quién se lo puede permitir?", se lamenta. Su marido se ha convertido ahora en lo que se escucha en Madaya cada día: una persona enferma que no es capaz ni de levantarse de la cama.
"Ya no me reconoce. Es sólo piel y huesos", explica Um Sultan. "He pedido que nos ayuden con comida, pero nadie puede hacerlo, aquí estamos todos igual", añade.
En la misma situación se encuentra Louay, que se quedó sin dinero hace unas semanas. "La gente se queda sin dinero porque la comida es carísima", afirma. "La última vez que tuve una comida completa fue hace un mes y medio. Ahora sólo tengo, normalmente, agua y hojas", indica.
"El invierno ha llegado y los árboles ya casi no tienen hojas, así que no sé cómo vamos a sobrevivir", se lamenta.
En Madaya, situada en la zona rural de Damasco, unas 40.000 personas permanecen atrapadas por la presión de las fuerzas del régimen de Bashar al Assad y del grupo libanés Hezbolá.
SIN AGUA NI ELECTRICIDAD
Pero el asedio no sólo tiene lugar en Madaya. En las áreas de Al Foua y Kefraya, en la región de Idlib, unos 20.000 sirios no pueden salir por el asedio de combatientes rebeldes, algo que desde HRW han recordado que no se puede permitir, ya que según el Derecho Internacional Humanitario, todas las partes de un conflicto armado están obligadas a permitir a los civiles abandonar libremente las zonas bajo asedio.
Ni en Al Foua ni en Kefraya hay electricidad. "Y no ha habido agua desde marzo de 2015", asegura Mazen, que vive en la primera de estas localidades. "Tenemos cantidades limitadas de comida y ya no tenemos verduras ni harina, por lo que no tenemos pan", asegura Mazen.
"Hace tres meses el Ejército de la Conquista --Jaysh al Faté, una de las facciones rebeldes que combaten en la guerra civil siria-- ejecutó a dos hombres porque estaban traficando con comida", explica. "Sus mezquitas en las localidades cercanas anunciaron su ejecución y advirtieron de que el destino sería el mismo para aquellos que intentaran traficar, incluso con una sola rebanada de pan", añade.
Los alimentos no son suficientes en estas zonas y la gente sobrevive a base de agua, hojas de los árboles, animales muertos --o que se ven obligados a matar-- y, en el mejor de los casos, de la ayuda que consigue llegar, a veces por aire.
Gracias a un acuerdo sellado entre la ONU y el Gobierno sirio, las organizaciones humanitarias podrán empezar a ofrecer asistencia en breve, y de hecho el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ya han confirmado que están preparando los convoyes que enviarán a estas zonas, que podrán entregar en los próximos días.
"LA GENTE NO PUEDE SOBREVIVIR"
Aunque no todos son optimistas ante la llegada de esta ayuda humanitaria. Fadi, residente en Al Foua, ha agotado todas las reservas de alimentos que tenía su familia. "Ahora estamos esperando a que llegue la ayuda, pero no será suficiente. No podemos recibir ayuda humanitaria una vez cada varios meses. La gente no puede sobrevivir", lamenta.
Además de los alimentos, la escasez de material sanitario se ha convertido en otro gran problema en las áreas bajo asedio. "La gente con enfermedades crónicas es la que más sufre. No tiene acceso a sus medicinas y muchos de ellos no han sido incluidos en la lista de gente que debía ser evacuada", asegura.