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Atracada en directo

Una mujer estaba denunciando ante las cámaras de televisión la falta de seguridad en el corazón de Río de Janeiro cuando, de repente, una mano le arrancó la cadena de oro que llevaba. El ladrón huyó entre el tráfico mientras el reportero que hacía la entrevista corría tras él. Al final escapó con un trozo del botín que, aunque no se vea en las imágenes, había escondido en su boca. El otro trozo de la cadena quedó en manos de su asustada dueña. Es el pan de cada día en esa zona de la de la Avenida Presidente Vargas. Un territorio tomado por ladrones adolescentes que hasta se encaraman a los autobuses y roban a sus ocupantes desde las ventanas abiertas. Y si no se salen con la suya, son capaces de arrancar un adoquín y lanzárselo al autobús. Les da igual la luz del día porque juegan con el factor sorpresa y la velocidad de sus piernas para huir. Lo de menos es el botín ya que muchas veces arrancan lo que sea y luego, ya a salvo, lo examinan para ver si tiene valor. Una jungla que las autoridades insisten en que están intentando controlar desde principios de año, sin éxito. Ironías de la vida, a 400 metros se encuentra el Servicio de Protección a la Infancia y el Adolescente.