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Benedicto XVI concelebrará con Francisco la ceremonia de canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII

El Papa emérito Benedicto XVI concelebrará junto al Papa Francisco este domingo la ceremonia de canonización de los pontífices Juan Pablo II y Juan XXIII, según ha confirmado el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi.
"El Papa emérito ha aceptado la invitación del Papa Francisco, ha afirmado Lombardi.
Además, ha precisado que Benedicto XVI no estará en el lado del altar sino en el sector izquierdo, junto con los entre 130 y 150 cardenales y el millar de obispos que concelebrarán con el Papa Francisco. A falta de la confirmación de la aceptación del Papa emérito a la invitación a participar en las canonizaciones, ya se hablaba de este acto como el día de los cuatro papas.
Concretamente, habrá cinco cardenales concelebrantes principales entre los que se encuentran el vicario para la diócesis de Roma, el cardenal Agostino Vallini, el arzobispo de Cracovia, que fue secretario personal de Juan Pablo II, el cardenal Stanislaw Dziwisz, y el obispo de Bérgamo, monseñor Francesco Beschi.
Entre los obispos españoles, participarán en la ceremonia de canonización el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, el vicepresidente de la CEE, monseñor Carlos Osoro, el secretario general y portavoz de la CEE, Jose María Gil Tamayo, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y los obispos de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, y de Astorga, monseñor Camilo Lorenzo Iglesias.
BEATIFICÓ A JUAN PABLO II EN 2011
Benedicto XVI presidió el 1 de mayo de 2011 la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II y se convirtió en el primer pontífice en mil años que beatificaba a su inmediato predecesor.
En aquel momento, Benedicto XVI recordó, durante la homilía que hacía seis años" los cristianos se encontraban en la Plaza de San Pedro para celebrar los funerales de Juan Pablo II y que, ése día, "el dolor por la pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero". "El día esperado ha llegado pronto porque así lo ha querido el Señor. Juan Pablo II ya es beato", dijo con emoción.
La frase fue respondida con multitud de aplausos y vítores de los cientos de miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes. Poco antes, el Pontífice subrayaba que "ya aquel día", el 8 de abril de 2005, se percibía "el perfume de su santidad" y que "el pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él". De este modo explicaba por qué había querido que, "respetando debidamente la normativa de la Iglesia", la causa de su beatificación "procediera con razonable rapidez".
Ante muchos peregrinos de nacionalidad polaca, también recalcó que "con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos" y también "ayudó a no tener miedo a la verdad, porque la verdad es garantía de la libertad". "Nos devolvió la fuerza de creer en Cristo", destacó.