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El 'Brexit' amenaza con reavivar las ansias independentistas de Escocia

Tres de las cuatro naciones británicas apoyan la continuidad, lo que abre un dilema constitucional
El referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea podría tener consecuencias constitucionales para la unidad británica debido a la división existente entre los territorios que la integran, puesto que frente a la fragmentación que Inglaterra presenta en las encuestas, Escocia, Gales e Irlanda del Norte apoyan mayoritariamente la continuidad.
Los escoceses, gobernados por el Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) aunque no por mayoría absoluta, han advertido de un resurgimiento de los objetivos independentistas si el plebiscito de mañana los forzarse a abandonar el bloque comunitario.
De hecho, a diferencia del plebiscito de 1975 que ratificó la adhesión británica a la por entonces Comunidad Económica Europea, los partidos nacionalistas de Escocia y Gales apoyan ahora el mantenimiento del vínculo con Bruselas y, de acuerdo con las encuestas, los avisos del SNP tienen su reflejo a pie de calle.
Así, si a día de hoy se celebrase una consulta de independencia, el 'no' vencería por un 53 por ciento, una vez descartados los indecisos, según un estudio de Panellbase. Sin embargo, preguntado por su decisión en caso de que Reino Unido abandonase la UE, el electorado provocaría un vuelco, con el 52 por ciento a favor la separación.
Escocia constituye, de hecho, la mayor amenaza desde una perspectiva territorial, no sólo por constituir la única de las cuatro naciones británicas que tiene al frente a un ejecutivo nacionalista, puesto que Gales cuenta con un gabinete laborista e Irlanda del Norte, con una coalición de unionistas y republicanos.
EL PLEBISCITO ESCOCÉS, UN REFERENTE
El plebiscito de secesión celebrado en septiembre de 2014 está todavía presente en la memoria colectiva de un Reino Unido que hace menos de dos años se enfrentaba a una incertidumbre similar a la que actualmente hace frente en materia de la UE.
Uno de los factores de peso que influyó sobre los votantes había sido, precisamente, la continuidad en la UE, después de que todas las instituciones, desde Bruselas, hasta Londres, advirtiesen reiteradamente de que el divorcio los pondría a la cola de los aspirantes a los Veintiocho, una posición que implicaría años de negociación antes de entrar de nuevo en el bloque.
En consecuencia, desde que el primer ministro, David Cameron, comenzase a renegociar el estatus británico en Europa, el SNP cuestionó la legitimidad de tener que abandonar por decisión de un electorado que le era ajeno, en otras palabras, de aceptar la injerencia británica en asuntos de transcendencia interna.
La ministra principal, Nicola Sturgeon, había manejado los tiempos para evitar pronunciarse y, a la vez, no descartar un segundo plebiscito de independencia si se diese un "cambio material de circunstancias". Además, había exigido que la salida de la UE necesitase, además del voto popular, del refrendo de las cuatro naciones británicas.
COMODÍN DE CAMERON
Cameron rechazó la propuesta debido a la trampa constitucional que entrañaría desafiar a la mayoría del electorado, pero si mañana triunfa el 'Brexit', el primer ministro estará obligado a hallar un encaje estatutario para justificar que tres territorios acepten un destino que sus ciudadanos no han elegido.
El mandatario británico tiene a su favor que el SNP no sólo no obtuviese un barrido histórico en las legislativas del mes pasado, sino que se quedase sin la mayoría absoluta lograda por primera vez en 2011, la misma que había persuadido al 'premier' de la conveniencia de dar la voz a un electorado que había votado mayoritariamente por un programa que priorizaba la consecución de un referéndum de independencia.
La histórica consulta escocesa se saldó a favor de la continuidad con un 55 por ciento del apoyo, tras una frenética carrera que, hacia el final, como ahora el 'Brexit', parecía destinada para la ruptura de la unión mantenida con Reino Unido durante más de 300 años.
Los paralelismos entre ambos plebiscitos no acaban ahí. En ambos casos, el frente de defensa del 'statu quo' ha encarnado al Goliat de la batalla, con la práctica totalidad del 'establishment' de la clase política y empresarial, de los grupos de estudios independientes y de organizaciones supranacionales; frente a la amalgama heterogénea que aspira al 'Brexit' y la facción casi exclusivamente pilotada por el SNP que reivindicaba la secesión
Además, el tono de las campañas también es similar: frente a las promesas de prosperidad enarboladas por los partidarios del cambio, tanto en el supuesto comunitario como en el escocés; los que abogan por la continuidad ahora, como los que la reivindicaban en septiembre de 2014, han basado su estrategia fundamentalmente en el fatalismo económico y en el alarmismo de revertir un sistema que, aunque imperfecto, funciona.
FACTORES DE PESO
Al respecto, si algo demostró el laboratorio de pruebas de Escocia es que el bolsillo tiende a pesar una vez en el colegio electoral, si bien en otro de los territorios Reino Unido, Irlanda del Norte, el factor de persuasión no es otro que el mantenimiento del proceso de paz que ha permitido la mejora de la estabilidad social y la cohabitación en el gobierno de los antaño rivales acérrimos.
De hecho, dos de los arquitectos de los Acuerdos del Viernes Santo que pusieron fin al conflicto, los ex primer ministros John Major, conservador, y Tony Blair, laborista, hicieron campaña en el Ulster para recordar el progreso experimentado en apenas dos décadas, una evolución que, según advirtieron, podría quedar en jaque en caso de 'Brexit'.