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Fin a seis meses de fuga

Con un corrido mexicano sonando a todo volumen, el narcotraficante más poderoso del mundo logró ocultar los martillazos y hasta la taladradora con la que sus secuaces terminaron el túnel bajo su ducha. Por él, El Chapo se fugaba, por segunda vez, de una cárcel. Ésta era la de máxima seguridad de El Altiplano. El túnel sacó los colores al Gobierno de México porque era una auténtica obra de ingeniería: kilómetro y medio de largo, con luz y ventilación, y hasta  railes para la extracción de una tierra perforada durante meses con la obligada complicidad de los funcionarios. Joaquín Guzmán, de 58 años,  lo recorrió hasta llegar a una avioneta que lo esperaba  y voló hacia una leyenda de inapresable que ha seguido creciendo tras burlar dos veces en medio año el cerco de los militares. Una fuga de película o de chiste según se mire porque evidenciaba una vez más la corrupción del estado mexicano. Por eso, su presidente Enrique Peña Nieto,  ha puesto todo su empeño y credibilidad en volver a encerrarlo. Ayer, seis meses después,  por fin lo consiguió. Aunque muchos mexicanos se preguntan por cuánto tiempo será esta vez.