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Irán niega la presencia de sus fuerzas en Irak para ayudar a Bagdad a combatir al Estado Islámico

El ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Javad Zarif, ha negado este domingo la existencia de fuerzas de seguridad iraníes desplegadas en Irak para ayudar al Gobierno en su lucha contra el grupo extremista suní Estado Islámico.
"Creemos que nuestros hermanos iraquíes, incluidos los hermanos kurdos y suníes, son capaces de defenderse por sí mismos, y que Irak no necesita que Irán lo defienda", ha dicho, según ha informado la agencia iraní de noticias FARS.
Zarif ha resaltado tras un encuentro con el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, que Irán "defiende la integridad territorial, el desarrollo y la seguridad de Irak y lo considera una prioridad de su política exterior".
Por su parte, el Gobierno iraquí ha enfatizado a través de un comunicado el peligro que supone el Estado Islámico --anteriormente conocido como Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS)-- para la región.
El avance del Estado Islámico en el norte de Irak ha alarmado al Gobierno de la capital y a los aliados occidentales, lo que ha provocado el lanzamiento de decenas de ataques aéreos por parte de Estados Unidos con el objetivo de frenar el avance de los milicianos y acabar con el Estado Islámico.
El Estado Islámico es una organización yihadista nacida en Irak y relacionada --aunque no vinculada-- con la red terrorista Al Qaeda. Con la sublevación en 2011 contra el régimen del presidente sirio, Bashar al Assad, el grupo penetró en Siria y desde allí ha lanzado en las últimas semanas una ofensiva que le ha permitido hacerse con el control del norte y el oeste de Irak.
El ISIS proclamó a finales de junio el Califato Islámico y nombró califa a su líder, Abú Bakr al Baghdadi. La nueva organización se declara Estado independiente y reclama que todos los musulmanes del mundo le juren fidelidad.
Desde entonces, ha lanzado numerosas campañas de venganza contra la comunidad chií y otras comunidades minoritarias de las zonas que controla, como la cristiana y la yazidí, ejecutando a miles de personas y destruyendo numerosos lugares de culto.