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La Justicia británica, a favor de la madre que ayudó a morir a su hija

 
Nuevas inyecciones de morfina, variedad de pastillas y píldoras suministradas a través de un tubo nasal, otras inyecciones de aire para detener el corazón con burbujas. En total, más de 30 horas para acabar con una dolorosa angustia que finalmente acabó por una intoxicación de morfina. Según el relato escuchado por el tribunal, Lynn sufrió "una vida increíblemente miserable" en los últimos años.
Durante la primera sesión del juicio, Gilderdale negó el intento de asesinato pero sí reconoció la asistencia al suicidio de su propia hija.
Tras conocer finalmente su absolución, Gilderdale ha reconocido que ver morir a su hija ha sido como "arrancarse el corazón". "Por un lado quiere respetar los deseos de tu hija y por otro quieres hacer lo mejor y mantenla con vida", aseguró la propia madre hace unos días en una entrevista.
Bridget Kathleen Gilderdale se enfrentaba a un tribunal por haber ayudado a morir a su hija, enferma de esclerosis múltiple, en diciembre de 2008.
En concreto, la víctima, de 31 años, intentó suicidarse con una dosis de morfina y con un cóctel de drogas. Pese a sus reiterados intentos, Lynn, como así se llamaba, no pudo conseguir su objetivo. Por ello, recurrió a la ayuda de su madre para que pusiera "fin a su dolor".
Lynn, que padecía esclerosis múltiple, estaba paralizada desde la cintura para abajo, sólo se podía alimentar a través de un tubo nasal y se tenía que comunicar por señas. Además, recibía un suministro constante de medicamentos para paliar el dolor durante las 24 horas del día. EPF/ CGS