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Marina Silva tendrá la llave de la Presidencia tras perder en el último momento

La candidata del Partido Socialista de Brasil (PSB), Marina Silva, es quien parece tener la llave de la Presidencia tras el resultado de las elecciones celebradas ayer en el país, en las que vio como el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves, le arrebataba la segunda posición que le venían augurando los sondeos en las últimas semanas y que le hubiera dado una plaza para la cita del 26 de octubre junto a la presidenta y candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff.
Silva, que luchaba por quebrar el bipartidismo hegemónico entre PT y PSDB --es su cuarta disputa consecutiva en segunda vuelta--, ha sido la gran derrotada. La conmoción que siguió a la muerte del anterior candidato socialista, Eduardo Campos, no fue suficiente para auparla al segundo turno y los brasileños han optado por un enfrentamiento clásico.
La candidata del PSB ha tenido el 21,3% de los votos, pero ha fracasado en su intento de ser la representante del cambio. Ha sido víctima de sus contradicciones y muchos consideran que durante la campaña ha estado más pendiente de seducir al 'establishment' que de conquistar al brasileño medio que hace un año salió a las calles para protestar contra la clase política y los deficientes servicios públicos.
Sin embargo, el papel de Silva como perdedora ha durado poco. Con más de 22 millones de votos a sus espaldas, su apoyo es ahora un 'caramelo' por el que ya están luchando PT y PSDB. En su discurso tras conocerse el resultado electoral Silva no dejó claro si apoyaría a alguno de los dos candidatos, aunque parece más favorable a Neves: "Sabemos que Brasil no está de acuerdo con lo que está ahí", dijo, remarcando que la sociedad tiene ganas de cambio y que no hay que "tergiversar" lo que ha expresado el 60% del electorado.
Sus palabras ya se han interpretado por muchos como un eventual apoyo a Neves, sobre todo si éste aceptase parte de su programa electoral e incluso le ofreciera un cargo en su hipotético Gobierno. Parece claro que no apoyará al PT, así que desde la maquinaria del partido gobernante los esfuerzos se centran ahora en convencer al PSB, el partido que arropa a Silva, pero que en realidad, no es el suyo.
LA INCÓGNITA DEL PSB
Silva se convirtió en candidata del PSB de forma repentina, tras la muerte de Eduardo Campos en un accidente de avioneta. En un principio la familia socialista no escondía sus recelos hacia la recién llegada, pero pronto se calmaron los ánimos al ver que despegaba en las encuestas.
Ahora, esas suspicacias pueden volver e incluso provocar divisiones. Al fin y al cabo, Silva tiene su propio partido, Rede Sustentabilidade, y desde dentro del PSB ya han surgido algunas voces que apuntan que la ex senadora y el partido que la acoge podrían tener posturas diferentes.
Esta es una de las esperanzas del PT, que confía en que el PSB apoye a Rousseff recordando todos los años en los que ha trabajado junto al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva --Campos fue uno de sus ministros--. Además, se espera que Lula aproveche su amistad personal con Silva para convencerla de que, al menos, se mantenga neutral de cara a la segunda vuelta.
Si hacer pronósticos sobre las alianzas es arriesgado, más difícil es prever el comportamiento del electorado de Silva. Sus votantes forman un mosaico multicolor que incluye desde conservadores evangélicos hasta ecologistas, pasando por 'lulistas' desencantados y jóvenes de clase media en busca de una 'tercera vía'.
De cara a la segunda vuelta del 26 de octubre será determinante lo que hagan esos 22 millones de votantes; si priorizan un cambio a toda costa con Neves o prefieren asegurar un Gobierno de izquierdas con Rousseff.