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Milicianos de Hezbolá cortan las emisiones de una televisión pro-gubernamental

Líbano vive desde hace días choques entre la mayoría parlamentaría, liderada por Saad Hariri, y la oposición, liderada por Hezbolá. El pasado miércoles la jornada de huelga convocada contra la carestía de la vida por los opositores desembocó en graves enfrentamientos entre partidarios de los bandos. 
Los seguidores de Hezbolá cortaron los accesos del aeropuerto y amenazaron con no reabrirlos hasta que el Gobierno libanés se retracte de su intención de acabar con la red de comunicaciones de la organización. El secretario general de Hezbolá, Hasan Nasralá, considera esta decisión una declaración de guerra a su grupo que, además, pretende beneficiar a Israel.
Pocos minutos después de las declaraciones de Nasralá estallaban los primeros choques armados entre seguidores de la oposición y de la mayoría parlamentaria. Cuatro horas después, Hariri apareció ante los medios para pedir a Hezbolá que retirara a sus hombres de las calles, y acusó al grupo pro iraní de querer llevar al país a un conflicto confesional entre chiíes y suníes. Ambos líderes insistieron en el peligro de que se produzca una "fitna" (conflicto confesional) entre ambos sectores religiosos, pero se acusaron mutuamente de querer provocarlo.
Llamamientos internacionales
El Consejo de Seguridad de la ONU ha instado a contenerse a los grupos enfrentados. El enviado especial de la ONU para el Líbano, el noruego Terje Roed Larsen, se ha mostrado enormemente preocupado porque "se produzca una mayor escalada de la situación".
EEUU ha exigido a Hezbolá que ponga fin a sus "actividades destructoras", mientras que Francia ha subrayado su "preocupación". Por su parte, Arabia Saudí e Irán mantienen contactos a través de sus embajadores en Beirut para tratar de contener la crisis.
LA/KOD