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La NSA rehuye aclarar si los congresistas y funcionarios de EEUU han sido o son espiados

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) ha rehuido aclarar si los congresistas y funcionarios electos del país han sido espiados o son espiados por la agencia de Inteligencia, preguntada por un senador estadounidense. En su respuesta, se limita a afirmar que "tienen las mismas protecciones de privacidad que todas las personas de Estados Unidos".
En un comunicado en respuesta a la carta del senador independiente por Vermont, Bernard Sanders, la NSA señala que "los miembros del Congreso tienen las mismas protecciones de privacidad que todas las personas de Estados Unidos" y que "está plenamente comprometida con la transparencia con el Congreso".
"Nuestra interacción con el Congreso ha sido amplia tanto antes como desde de que las revelaciones en los medios comenzaran el pasado mes de junio", apunta la NSA, que dice estar "revisando" la carta del senador Sanders.
"Continuaremos trabajando para garantizar que todos los miembros del Congreso, incluido el senador Sanders, tienen la información sobre la misión de la NSA, las autoridades y los programas para informar completamente de la realización de sus tareas", añade el comunicado recogido por los diarios 'The Guardian' y 'The Washington Post'.
LA CARTA DEL SENADOR
En la carta remitida al director de la NSA, el general Keith Alexander, uno de los primeros senadores en medio siglo en identificarse como socialista le interpela si "ha espiado la NSA o está la NSA espiando actualmente a miembros del Congreso u otros funcionarios estadounidenses electos".
"'Espiar' incluiría la interceptación de metadatos de llamadas realizadas desde teléfonos personales o de trabajo --los datos sobre a quién y cuándo llaman--, contenido de los sitios web visitados o los correos electrónicos enviados, o la captación de cualquier otro dato de una tercera parte no difundida al público general", abunda el senador.
Bernard expresa en la carta su "profunda preocupación" sobre las relevaciones realizadas por el extécnico Edward Snowden sobre la interceptación de información de millones de ciudadanos estadounidenses, desde los datos de las llamadas telefónicas hasta su rastro en la Red.
"Desde mi punto de vista, estas acciones son claramente inconstitucionales", sostiene Bernard, quien se remite al argumento de que estos programas de la NSA son "casi Orwelianos", esgrimido por el juez de distrito Richard Leon en la sentencia en la que concluye que estas operaciones contravienen la Constitución estadounidense.
"Igualmente molesto fue conocer que la NSA se había implicado en la escucha de las llamadas telefónicas realizadas por los líderes de Gobiernos de países como Brasil, Alemania, Francia, México y otros aliados de Estados Unidos", señala el senador, que asegura que estas revelaciones han supuesto "serios reveses" en materia de política exterior para el país y han alentado un "sentimiento antiamericano" por todo el mundo.
TRÁNSITO EN LOS TRIBUNALES
Este carta se conoció poco antes de que el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de Estados Unidos prorrogara, por 36º ocasión, el permiso a las agencias de Inteligencia nacionales durante tres meses para recabar los metadatos de las llamadas de millones de ciudadanos estadounidenses, según ha anunciado este viernes el gabinete del director de Inteligencia Nacional, James Clapper.
Este anuncio, asimismo, se produjo el mismo día en el que el Departamento de Justicia recurrió la sentencia del juez Leon, que estimaba que estos programas de Inteligencia son inconstitucionales en base a la "indiscriminada" y "arbitraria" invasión de la privacidad de los estadounidenses.
Este dictamen fue seguido por otro en diciembre, emitido por un juez federal del distrito de Manhattan, que consideró legales dichas prácticas. Previamente, un panel de expertos designados por el presidente Barack Obama ponía en cuestión los resultados de este programa en detrimento de la privacidad de los ciudadanos, abogando por cambios.
La revelación de este programa, entre otros, ha originado una gran controversia, no solo en Washington sino en todo el mundo, sobre los límites de la Inteligencia de Estados Unidos en aras de su seguridad nacional.