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Octavo día de alerta sanitaria: Una semana de encierro

El tema del cubrebocas en un principio tampoco resultó del todo extraño. Cerca de la ciudad hay un volcán (Popocatépetl) que de vez en cuando lanza fumarolas que llenan de ceniza las calles. En esas ocasiones algunas personas lo usan, sólo unas cuantas, en cambio ahora la ciudad parece una enorme sala de enfermeros. 
Hoy tuve que ir al banco a hacer unos pagos. Todos los empleados usan mascarilla y guantes de látex. No te permiten esperar tu turno dentro de la sucursal, debes quedarte afuera para no estar demasiado cerca de alguna otra persona, de algún sospechoso. Sin embargo, afuera del edificio se formó una fila de espera en la que era inevitable estar a unos cuantos centímetros de otro humano. Estando ahí pensé que dentro del caos que todo esto ha representado, los mexicanos hemos mantenido el civismo. No he visto escenas de pánico, ni aspaviento alguno en las calles.
Ante el encierro parcial en el que estamos recluidos, el Internet ha resultado una válvula de escape. El pulso de la clase media-alta de esta ciudad se puede sentir en espacios como el Facebook y el Messenger. Recojo aquí algunos de los mejores comentarios que mis contactos han puesto:
Ya leí, ya dormí, ya me bañé, ya molesté al gato, ya vi TV, ya estoy harta del Facebook:
¡Déjenme salir, abran las cantinaaaaaaaaaaas!! / Encuentro un consuelo en la súbita coquetería oriental del tapabocas / La influenza no mata, la negligencia gubernamental sí / Hoy la ciudad duele / Oficina en casa / Le dije al doctor: no me puedo morir, ¿no sabe que no pueden haber aglomeraciones? / Yo preocupándome por el VIH y ahora con la influenza nos va a llevar la chingada por sólo respirar y sin coger / ¡Aguas con la gripe que está bien puerca! / Renové mi seguro de gastos médicos / ¡Al borde de la locura! Lavando, planchando, cocinando, barriendo, trapeando, volviendo a lavar... / Si todo esto de la influenza tiene un origen en la mente maquiavélica de alguien, habrá que pedirle a Dan Brown que vaya preparando su nuevo Best Seller sobre la Gripe Mexicana y pedirle a Robert Langdon que venga a salvarnos / Y nos siguen diciendo que no vayamos a lugares concurridos... ¡pero si todo está cerrado!/. Y el más elocuente de todos: "creo que tengo influenza".