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Operaciones estéticas a los ocho años para estar guapo en la comunión

Los padres polacos con algo de dinero celebran la comunión de sus hijos como una "miniboda". Aspiran a dejar un recuerdo imborrable en la memoria de los pequeños, algo para toda la vida. Con ese objetivo hasta llevan a sus hijos al quirófano para ajustarles cualquier detalle de su rostro que consideran les puede afear la fiesta.
"Las intervenciones más comunes que hacemos a los niños antes de su comunión son operaciones para corregir las orejas de soplillo, la eliminación de pelos en la cara y de manchas", afirma Jerzy Wilgus, un cirujano estético polaco.
 En Polonia, uno de las naciones con menos PIB de los países ex comunistas, celebrar la comunión se ha convertido en un rasgo distintivo de estatus social.
Los nuevos ricos y las familias en general tratan de dar lo mejor de sí y más.
Ryszard Oszmian, padre de Karolina, una niña de ocho años, que acaba de hacer la comunión asegura que "los pequeños tienen que recordar que algo ha sucedido en sus vidas y todo lo que les recuerda ese momento".
Operaciones estéticas, limusinas con chofer de guantes blancos, restaurantes caros, vestidos lujosos, son los principales gastos en los que incurren los padres para convertir el sacramento de sus hijos en ese día especial.
Karolina presume de los regalos que ha recibido este mes. "Mi tía me regaló una cámara digital, mis padres me compraron un ordenador y los demás parientes me han dado dinero".
Las familias polacas que pueden permitírselo pueden llegar a pagar unos 1.500 euros por la organización del banquete, las ropas, las limusinas, la peluquería y otros gastos.