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Penas y glorias en 50 años de revolución

Fidel Castro se dirige a sus partidarios en enero de 1959 tras entrar en La Habana.telecinco.es
El primer día del año de 1959 Fidel Castro y un puñado de soñadores tomaron el poder en Cuba. El derrocado presidente, Fulgencio Batista, huía en un avión y la revolución triunfaba. Era la fiesta de los pobres, un proyecto "de los humildes para los humildes"; así lo calificó el estudiante de Leyes, que con el tiempo convirtió su aspiración de sociedad en esta Cuba, en la que 50 años después se juntan en dosis iguales supervivencia al límite y ansiedad social. En 1959, del proyecto cubano se esperaba todo. Ahora se esperan los cambios.
La ilusión revolucionaria llevó a . Millones de jóvenes cubanos recibieron becas para cursar estudios universitarios; el Gobierno garantizó atención médica gratuita; suprimió los alquileres abusivos a través de la nacionalización del ministerio de la Vivienda y delineó un plan para eliminar las desigualdades entre el hombre y la mujer. la práctica un programa social que canceló el analfabetismo
Estadísticas para presumir
El proyecto revolucionario, en estos cincuenta años, tiene estadísticas para presumir: El 6,2% de la población cubana es universitaria, hay un médico por cada 165 habitantes, la mortalidad infantil está a niveles de cualquier país desarrollado con un 6 por cada mil nacidos, según fuentes oficiales.
Estos datos podrían convencer a cualquiera de que, después de todo, la revolución no ha sido una mala opción. Sin embargo, Cuba vive una realidad paralela hecha al estilo soviético, en la que el Gobierno lo controla todo, lo dirige todo y lo único que escapa a su dominio es el tiempo.
El día a día
La cartilla de racionamiento marca los interminables y repetidos ciclos de escasez en la que han vivido los cubanos durante 50 años. Varias generaciones que no han probado la carne de ternera, campos de cultivo abandonados e improductivos; la leche es un producto raro que sólo pueden beber los niños hasta los siete años, mientras la producción nacional de productos lácteos se vende en las tiendas para turistas.
En la vida social el periodismo nacional propaga buenas noticias, mientras los medios informativos extranjeros, clasificados como propaganda enemiga, no circulan, ni se venden dentro del país.
La generación "fidelista", que ahora ronda los 70 años, ya no representa a la mayoría de la población cubana. Cincuenta años después, una generación con su propia voz reclama su espacio, una generación que ya advirtió que quiere saber cuál es el proyecto en Cuba, más allá de lo que prometen las palabras.
Los cumpleaños se festejan y así será. Los simpatizantes organizarán conciertos, manifestaciones, participarán en las presentaciones de libros y estrenos de documentales que tienen por protagonista a Fidel Castro. Los detractores criticarán lo que consideran tantos años de dictadura y de opresión. Algunos apagarán las velas y pedirán un deseo. Cada uno con el suyo. El tiempo los convertirá o no en realidad.