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Reunión contra las bombas de racimo sin la participación de sus fabricantes

Son muy peligrosas, una sola bomba de racimo desprende más de 200 bombas secundarias. El mundo, sin embargo, las sigue fabricando, aunque el 98 por ciento de las víctimas de las bombas de racimo son civiles. Este lunes representantes de más de cien países tratarán de conseguir un acuerdo en Dublín para prohibir su uso, fabricación y distribución. La paradoja está a la vista: Estados Unidos, Israel, Rusia, China, India y Pakistán, principales productores y usuarios de este tipo de armas no asisten a este encuentro.
La última campaña de Human Right Watch subraya la acción devastadora de las bombas de racimo que matan y mutilan a miles de personas en todo el mundo. Desde los años 60 este tipo de armas se han usado en conflictos en Líbano, Irak, Afganistán, Kosovo, Laos o Vietnam.
Sólo en Líbano, en 2006, el Ejército de Israel bombardeó con millones de artefactos. Un millón de submuniciones quedó sin detonar, según datos de Greenpeace y otras ONGs.
Parte de la comunidad internacional, animada por el espíritu del 'Proceso de Oslo', que pretende ilegalizar las armas convencionales más mortíferas, insiste en alcanzar un "tratado histórico" en Dublín.
Así de optimista se ha mostrado el ministro irlandés de Asuntos Exteriores, Michéal Martin, quien se ha comprometido a lograr un "tratado al más alto nivel". "Tenemos muchas esperanzas de lograr un resultado exitoso".
"Durante los últimos meses se ha hecho un trabajo muy sólido y ahora creo que hay buena voluntad política", ha afirmado Martin poco antes del comienzo de esta cita en Irlanda. En la conferencia participarán durante doce días 118 naciones y más de 250 Organizaciones No Gubernamentales (ONG) agrupadas en torno a la llamada Coalición contra las Bombas de Racimo.
En la actualidad, más de 30 países fabrican este tipo de armamento, entre ellos España, a través de las empresas Instalaza y Explosivos Alaveses (Expal).ZA