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Rousseff, presidenta tras la campaña más disputada y agresiva desde la redemocratización

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha conseguido reeditar su mandato después de imponerse a Aécio Neves en la campaña más ajustada desde la redemocratización de Brasil en los años ochenta, que también ha estado marcada por las duras acusaciones vertidas entre los candidatos y por los casos de corrupción en la compañía estatal Petrobras.
La candidata del Partido de los Trabajadores seguirá en el Palacio del Planalto otros cuatro años, por lo que la izquierda gobernará en Brasil durante 16 años, desde que Luiz Inácio Lula da Silva fuera investido presidente en 2002.
La victoria de Rousseff, sin embargo, no ha sido fácil. Ha vencido con el 51,64 por ciento de los votos, ganándose la confianza de más de 54.400.000 brasileños. Neves, por su parte, ha conquistado a más de 51 millones de votantes y se ha quedado con el 48,36 por ciento de las papeletas. Es la primera vez que el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) queda tan cerca del PT, pero una vez más, tendrá que esperar para volver a gobernar.
En sus primeras palabras tras saberse ganadora, Rousseff ha aludido al ajustado resultado, remarcando que su primer compromiso será con el diálogo y que la energía movilizadora de la campaña ha preparado "un buen terreno para la construcción de puentes". Además, ha descartado que lo ajustado del resultado dificulte la gobernabilidad y los acuerdos para poder llevar a cabo las reformas que el país necesita.
"Algunas veces en la historia resultados ajustados produjeron cambios más rápidos y más amplios que en victorias holgadas. Esta es mi esperanza, o mejor, mi certeza, de lo que va a ocurrir a partir de ahora en Brasil. El debate de las ideas, el choque de posiciones, puede producir espacios de consenso", ha confiado.
Rousseff tendrá ahora por delante el reto de llevar a cabo sus promesas electorales sin contar con una cómoda mayoría --en la primera vuelta de las elecciones el PT pasó de 88 a 70 diputados-- y el Congreso Nacional está fragmentado que nunca y con unos diputados más conservadores.
Entre los 28 partidos que están el congreso han crecido notablemente los diputados evangélicos, los exmilitares y los policías, lo que dificultará la aprobación de políticas sociales progresistas. Rousseff tendrá que hacer delicados equilibrios para poder gobernar.
Neves se ha expresado en el mismo sentido que Rousseff y ha evidenciado la necesidad de llegar a acuerdos. En su breve discurso tras conocerse los resultados ha subrayado que ahora la "prioridad es unir a Brasil en torno a un proyecto honrado".
Neves ha estado cerca de derrotar al PT, pero muchos analistas consideran que la clave de su fracaso ha sido haber perdido en el estado de Minas Gerais, el segundo más poblado y del que precisamente fue gobernador.
UNA CAMPAÑA LLENA DE SORPRESAS
Su gestión al frente de Minas Gerais fue uno de los asuntos centrales de la campaña, sobre todo en los últimos debates televisados. Mientras Neves aludía a las mejoras en sanidad y educación y a su alto índice de popularidad cuando dejó el cargo las urnas le quitaban la razón, pues en el primer turno el PT arrasó en su estado, escogiendo como gobernador al petista Fernando Pimentel.
La corrupción ha sido otro de los temas estrella de la campaña. La Operación Lava Jato, que destapó una trama de corrupción en seno de la compañía estatal Petrobras ha sido aprovechada por el PSDB para intentar desgastar a Rousseff.
Este viernes la revista 'Veja' publicó un reportaje asegurando que tanto Rousseff como el expresidente Lula sabían de la existencia de la trama corrupta. La presidenta reaccionó rápidamente, negando las acusaciones y llevando a la publicación a la Justicia. Además, grabó un mensaje diciendo que el pueblo brasileño era lo bastante "maduro" para discernir la verdad de la mentira.
Con la victoria de Rousseff los brasileños han puesto punto y final a una larga campaña electoral que empezaba de forma abrupta a mediados de agosto con la muerte en accidente de avión del candidato del Partido Socialista de Brasil (PSB), Eduardo Campos.
El posterior ascenso meteórico de sus sustituta, Marina Silva, fue el primer peligro que puso en riesgo la reelección de Rousseff, que hasta entonces estaba casi asegurada. Pero Silva cayó tan rápido como había crecido y en la segunda vuelta Brasil asistió a la tradicional polarización entre el PT y el PSDB.