Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La adaptación de las víctimas de Josef Fritzl a la vida en libertad

Los médicos responsables de la recuperación de la familia han hecho un llamamiento para que se respete su intimidad. Berthold Kepplinger, director de la clínica de Amstetten ha trasladado "el agradecimiento" de la familia por las muestras de solidaridad expresadas, pero ha recalcado que "se les deje en paz para que tengan la oportunidad de volver a una vida normal".
La familia comparte un espacio aislado del resto del edificio, de unos 70 metros cuadrados, con los cristales oscurecidos para facilitar la adaptación a la luz de los tres que estuvieron encerrados en el zulo, Elisabeth y su dos hijos varones, Stefan, de 18, y Felix, de cinco.
 
Creación del sentimiento y la imagen familiar
 
"Hablan mucho entre ellos, algo normal para personas que no se han visto durante mucho tiempo", ha precisado Kepplinger, que explicó que juntos realizan ciertas tareas domésticas, como hacer la cama por las mañanas así como preparar juntos el desayuno y la cena. Los hermanos que no se habían visto se están conociendo por medio de juegos.
 
Elisabeth, Stefan y Felix aún siguen con su proceso de adaptación y tratan de "superar su dificultad para orientarse con el espacio", después de haber vivido en un exiguo zulo de 55 metros cuadrados.
 
Para facilitar la adaptación han dotado al espacio con los elementos que ya conocían y que habían sido proporcionados desde el exterior por su padre-abuelo secuestrador. "Tienen de nuevo un acuario, y naturalmente, los niños han recuperado sus peluches, y sus juguetes", ha explicado el responsable médico.
 
Kepplinger ha asegurado que la situación de los encerrados en el sótano no es tan mala debido a que el Josef Fritzl les abasteció con píldoras de vitamina D y con una lámpara de luz ultra violeta, para paliar el efecto de la falta de luz. MLS