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Los ataques en la provincia iraquí de Anbar dejan 500.000 desplazados en nueve meses

La OCHA ensalza el papel de la ONU y las ONG pero reconoce que no es suficiente para llegar a todos los afectados
Los nueve meses de bombardeos, ataques aéreos y enfrentamientos entre el Estado Islámico y las fuerzas de seguridad iraquíes en la provincia iraquí de Anbar han dejado unos 500.000 desplazados y ciudades enteras destruidas, como Ramadi y Faluya, según las estimaciones de Naciones Unidas.
El último informe de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) señala que hay más de 360.800 desplazados internos en Anbar y unos 115.000 en las zonas bajo el control de los grupos armados. El 63 por ciento de los 1,6 millones de personas de la región se encuentran "necesitados" y el 98 por ciento tiene un acceso insuficiente a la comida.
El presidente del Consejo Provincial de Anbar, Sabá Karhut, ha criticado el papel de la comunidad internacional a la que, en declaraciones a la agencia de noticias humanitarias de Naciones Unidas (IRIN), acusa de no haber "hecho nada" en la provincia. "Queremos que estén más involucrados y que ayuden a nuestra gente", ha pedido Karhut.
HEET, REFUGIO PARA LOS DESPLAZADOS
Más de dos tercios de las familias de la provincia se encuentran refugiadas en la ciudad de Heet. Sin embargo, la localidad se ha convertido en una posición importante para los milicianos radicales ya que, según el Instituto de Estudios de la Guerra, supone un paso en su actuación a largo plazo para avanzar hacia Bagdad.
Heet alberga a más de 100.000 desplazados internos, según las cifras de la Organización Internacional para la Migración, y muchos de ellos ya han vivido está situación entre tres y cuatro veces en su vida. Hasta ahora, la ciudad era uno de los pocos lugares a los que ha llegado la ayuda humanitaria en los últimos meses.
Algunos desplazados, los más afortunados, han encontrado refugio en casa de sus familiares o en comunidades. Sin embargo, otros tantos se han visto obligados a dormir en colegios, mezquitas, edificios sin terminar o en asentamientos al aire libre; lugares con acceso limitado al agua, a la comida y a los cuidados sanitarios.
BARRILES BOMBA
El Gobierno iraquí ha recurrido a los barriles bomba y los ataques aéreos para intentar frenar el avance del Estado Islámico. Sin embargo, grupos como Human Rights Watch han denunciado que los más perjudicados por estas actuaciones son los civiles.
Samir Allawi, de 43 años y residente en Faluya, tuvo que abandonar la localidad en julio tras los bombardeos. Allawi no solo dejó su ciudad. "Perdí a 14 miembros de mi familia en uno de esos bombardeos aleatorios", se lamenta.
Este hombre ha asegurado que "no había milicianos cerca de las casas" durante los ataques y ha destacado que "los milicianos nunca son alcanzados", al contrario que "los inocentes que se convierten en víctimas". El cabeza de familia descarta volver a Faluya. "Todavía es demasiado arriesgado y no quiero perder a nadie más de mi familia", ha concluido.
VIDA NORMAL
A pesar de los ataques, la población de Anbar sigue intentado hacer una vida normal. Un doctor de Ramadi teme la llegada del Estado Islámico, aunque de momento la localidad sigue bajo el control del Gobierno. "La situación es muy mala, mi propia casa está llena de agujeros de balas", ha explicado.
La escasez de servicios sanitarios debida a la falta de equipación médico y a la huida de buena parte del personal ha repercutido en la población. "El hospital no tiene electricidad desde hace cuatro meses y dependemos totalmente de generadores, pero es difícil conseguir combustible", ha subrayado este doctor, que además teme por el estado de los enfermos crónicos, privados del acceso a su medicación.
La llegada del frío también supone "un problema real para los niños y los ancianos", ya que el personal sanitario no contará con medicinas para curar un simple resfriado. El doctor también se ha referido a casos más graves como los enfermos que necesitan intervención quirúrgica y no podrán costeársela.
Por otro lado, los precios de los alimentos y los productos básicos se han elevado entre un 30 y un 100 por 100 con respecto al año anterior, mientras que la población no tiene empleo o conserva su oficio pero carece de ingresos suficientes. Algunas organizaciones como el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Sociedad Iraquí de la Media Luna Roja y otras formaciones locales han podido repartir alimentos en Anbar.
El mes pasado, el Programa Mundial de Alimentos (PAM) logró reanudar la distribución en Heet después de cinco meses. Más de 3.000 desplazados recibieron kits de alimentos, medicamentos y otros artículos de higiene gracias al Consejo Danés de Refugiados.
La OCHA ha alertado de que "solo en la gobernación de Anbar hay 400.000 desplazados internos a los que los actores humanitarios tienen un acceso muy limitado". Aunque la OCHA ha ensalzado el papel de la ONU y las ONG, ha reconocido que no es suficiente para llegar a todos los afectados.