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Contra el deseo de sus padres, los médicos desestiman el traslado a casa de Charlie Gard

Tras conocer que habían llegado demasiado tarde para los tratamientos experimentales que avivaron la esperanza de salvar la vida del pequeño Charlie Gard, sus padres han vuelto al juzgado para pedir, esta vez, que se les permita llevarse a su hijo a casa; para evitar los focos, bañar, arropar a su pequeño, y en la intimidad, decir adiós.

Pero, de nuevo, se topan con otra puerta cerrada. Los médicos de Charlie ven muy complicada la opción del traslado.

El Hospital Pediátrico del Vaticano, que también se ofreció para ayudar a Charlie, da una idea de por qué:

“En cuanto se le desconecte del respirador, el niño vivirá pocos segundos”.

Un nuevo martirio para los padres. Precisamente lo que dice el juez que hay que evitar. La lección, dice: la comunicación entre familiares y especialistas habría evitado esta eterna batalla de los Gard en los tribunales.

Además, el hospital critica a un doctor estadounidense, que les dio esperanza sin haber consultado siquiera el historial de Charlie.

Así, se juntaron la ciencia, unos padres desesperados, y la calle, dando como resultado una carrera contrarreloj en la que la enfermedad y el tiempo han corrido en su contra.

“Sentimos no haberte salvado”, manifestaron públicamente los padres de Charlie Gard, pero hay otros niños que también sufren enfermedades que amenazan con quitarles la vida, y el millón de euros recaudado para el pequeño ahora servirá para darles esperanza.